Edesur y la Municipalidad pretenden construirla para ampliar la red energética. La particularidad es que el Intendente es el hijo del propio secretario de Medio Ambiente de la Nación. “Lo que perjudica la salud de los pobladores es la falta de luz y agua”, aseguró. La palabra del secretario de Obras Públicas y de los vecinos y organizaciones ambientalistas. El fondo de la cuestión es la precaria planificación urbana y de calidad de los servicios indispensables en el distrito.
Por Leandro Palazzo
Una fuerte disputa entre vecinos, agrupaciones ambientalistas y el gobierno comunal expone en Berazategui una delicada situación en materia de planificación urbana y calidad de servicios indispensables, como la energía y el agua. Habitualmente, desde hace casi una década, los cortes de suministros básicos se reiteran en los diferentes barrios del distrito, principalmente en verano, y ponen en evidencia una problemática socio-medioambiental de tamaña importancia en la región.
Hace más de seis años, la empresa Edesur fijó obras para construir en el municipio una subestación eléctrica que permitiría ampliar la red energética de una ciudad con fuerte presencia industrial. El proyecto, que se presentó para abastecer de energía a todo el distrito, comenzó a gestarse sin la debida comunicación. Los trabajos no fueron anunciados, hasta que el vecindario notó que algo extraño sucedía en las inmediaciones de la emblemática fábrica de vidrio Rigolleau, ubicada en las calles 21 y 145.
De esta forma, nació espontáneamente el repudio de los frentistas a la instalación de la denominada subestación Rigolleau en el casco céntrico de Berazategui, bajo la acusación de que la radiación electromagnética produce efectos dañinos en las células y podría ser generadora de cánceres y otras enfermedades. La Asamblea de Vecinos Autoconvocados por la Vida proclama que “las subestaciones eléctricas, que transforman alta tensión en voltajes menores para ser distribuidos a redes domiciliarias, no estén instaladas en zonas pobladas”, y ponen como referencia los datos relevados en Ezpeleta, Quilmes, sobre la muerte de decenas de personas, tras la instalación de la subestación Sobral.
Tras la denuncia de los asambleístas, el Juzgado Federal N° 2 de La Plata logró detener las obras hasta efectuarse un examen sobre impacto ambiental. Las facultades de Medicina e Ingeniería de La Plata se hicieron cargo de los estudios y expusieron que la subestación no producía radiaciones electromagnéticas, además de remarcar que estaba dentro de los parámetros legales vigentes.
El ex intendente y actual secretario de Medio Ambiente de la Nación, Juan José Mussi, tomó estos resultados como definitivos y, a través de un fallo del juez federal quilmeño, Luis Armella, se ordenó reanudar las tareas en el barrio Rigolleau. Sin embargo, los vecinos todavía permanecen en alerta y han evitado, enfrentando varios embates policiales, que se continúen los trabajos en la zona.
Para el actual Jefe Comunal, su hijo Patricio Mussi, “lo que perjudica la salud de los pobladores es la falta de luz y agua para la realización de la vida cotidiana”, que según estima el gobierno está estrechamente ligada a la no conexión de la central eléctrica. Cabe destacar que el servicio de agua potable en Berazategui depende de la extracción eléctrica en los pozos. Según el secretario de Obras Públicas de la comuna, Darío Iezzi, para evitar males mayores “la subestación Rigolleau debe ponerse en funcionamiento cuanto antes”.
En este marco, otra de las voces que se pronunció sobre este tema fue la del doctor en Biología, Raúl Montenegro, presidente de la Fundación para la defensa del ambiente (FUNAM) y premio Nobel alternativo de biología, que brindó una charla a los de vecinos del barrio y sostuvo que “si hay algo donde en Argentina estamos absolutamente primitivos, es en la total falta de protección que tienen los ciudadanos en todo lo que hace a radiaciones no ionizantes, porque no existe en nuestro país ninguna norma que proteja la salud de las personas de los campos magnéticos”.
