Los ingresos tributarios apenas superaron el registro de agosto de 2025 en términos nominales y mostraron una leve caída real. El IVA volvió a exponer la debilidad del consumo, mientras el impuesto al cheque y los aportes de la seguridad social también retrocedieron. En los primeros ocho meses del año, la recaudación acumuló una baja real del 3,7%.
La recaudación tributaria volvió a ofrecer una señal incómoda para el Gobierno. En agosto, los ingresos de ARCA crecieron 33,5% en términos nominales, pero quedaron por debajo de la inflación interanual, que alcanzó el 33,6% al considerar la proyección de 1,7% para agosto que surge del REM del Banco Central.
El resultado implicó una caída real de 0,1% interanual. El dato contrastó con el desempeño de julio, cuando los recursos tributarios habían registrado una mejora real del 1%.
El problema aparece con mayor claridad al observar el acumulado. Entre enero y agosto, la recaudación retrocedió 3,7% en términos reales. En ese período, los ingresos fiscales aumentaron 28,2% nominal, frente a una inflación promedio del 33,1%.
La composición de los datos también mostró señales de alerta. Algunos impuestos aportaron recursos extraordinarios que evitaron un resultado más negativo, pero los tributos vinculados con el consumo y la actividad volvieron a exhibir dificultades.
El consumo, otra vez en rojo
El principal llamado de atención surgió del IVA. La recaudación de este impuesto aumentó 29,6% nominal en agosto, pero cayó 3% al descontar el efecto de la inflación.
El indicador resulta especialmente relevante para observar el comportamiento del consumo interno. Los números de agosto reflejaron, en buena medida, el nivel de actividad de julio y la capacidad de pago de las empresas durante el mes.
El impuesto al cheque aportó otra señal negativa. Su recaudación cayó 9% en términos reales, un resultado que también expuso la menor intensidad de la actividad económica.
La seguridad social siguió el mismo camino. Los ingresos asociados a este concepto descendieron 1,3% real interanual, en un contexto marcado por la pérdida de poder adquisitivo de los salarios y la menor cantidad de puestos de trabajo registrados.
Los derechos de importación tampoco escaparon al deterioro. La recaudación por este concepto se desplomó 19,4%, un dato que refleja la debilidad de la inversión industrial.
Ganancias y retenciones evitaron un resultado peor
El resultado general encontró cierto alivio en otros tributos. Ganancias volvió a aportar recursos relevantes, aunque por un efecto asociado al calendario de los vencimientos.
En julio, el ingreso de los saldos de las declaraciones juradas de Ganancias de las personas humanas correspondientes al ejercicio 2025 había impulsado los ingresos fiscales. El año anterior, esos pagos habían ingresado en junio y eso alteró la comparación interanual.
Las retenciones también tuvieron una incidencia favorable. La baja base de comparación de agosto de 2025 permitió que este componente aportara una mejora en el resultado de este año.
Ese efecto, sin embargo, no alcanzó para ocultar la debilidad de los impuestos que dependen de una economía con mayor nivel de consumo y actividad.
Desde la consultora Vectorial remarcaron la importancia de seguir esta variable para evaluar el impacto del menor dinamismo económico sobre las cuentas públicas: “La dinámica de los ingresos tributarios constituye un indicador particularmente relevante para medir hasta qué punto la desaceleración de la economía comienza a trasladarse también a los recursos del Estado”.
Una presión adicional sobre las cuentas públicas
El comportamiento de los ingresos tributarios agrega una dificultad al esquema fiscal que sostiene el Gobierno. Con una economía que todavía no recupera con fuerza el consumo y con una recaudación que pierde terreno frente a los precios, el margen para sostener el equilibrio fiscal se vuelve más estrecho.
La menor capacidad de compra de los hogares impacta sobre el IVA. La debilidad de la actividad también reduce los recursos provenientes de otros impuestos. A eso se suma el deterioro de los ingresos asociados al empleo registrado y la actividad industrial.
El escenario plantea así un desafío para la administración de Javier Milei: si los ingresos fiscales no recuperan dinamismo, el ajuste del gasto adquiere un peso todavía mayor como herramienta para preservar el superávit de las cuentas públicas.
Agosto, en ese sentido, dejó un resultado casi neutro en términos reales. Pero detrás de ese 0,1% de caída aparece un dato más amplio: el Estado recaudó menos en términos reales durante los primeros ocho meses del año y los principales impuestos ligados al consumo y la actividad todavía no muestran una recuperación sólida.
