Por Francisco Kovacic, desde la Vigilia en Rio Grande.
La Vigilia por Malvinas en la ciudad de Río Grande no es un homenaje cualquiera. Siendo la ciudad argentina más cercana al archipiélago nacional, su espíritu local te hace sentir que estás en Malvinas. Junto a nuestros compañeros de El Aluvión de distintas partes de la provincia de Buenos Aires y nuestros hermanos de Aurora en Santa Fe, pudimos asistir en total cinco compañeros de San Martín. Bajo nuestra consigna de construir una generación de amigos con ganas de liderar la Patria del siglo XXII, vivimos cinco días donde el intercambio con compañeros de distintas partes del país fue la moneda corriente.
En el marco de nuestra agenda de actividades Malvinizarte, lanzada en marzo y con cierre previsto para abril, con el grupo que viajamos decidimos hacernos una pregunta simple pero profunda: qué es ser argentino. Más que confirmar una respuesta premeditada, la intención fue construir una nueva a partir de la experiencia vivida en el extremo sur del país. Y es precisamente en ese territorio, donde el viento, la memoria y la historia se entrelazan, donde esa pregunta adquiere una densidad distinta.
En ese sentido, resulta inevitable vincular la experiencia de Malvinas con los grandes debates estructurales de la Argentina. La derogación de la histórica Ley de Tierras —promulgada en 2011 para ordenar el uso del suelo y limitar la concentración extranjera y el gobierno de Javier Milei intentó derogarla con la Ley Bases de 2024— forma parte de una serie de decisiones políticas que, a lo largo de las décadas, fueron debilitando la soberanía territorial. Desde la desregulación impulsada durante la última dictadura militar iniciada con el Proceso de Reorganización Nacional hasta las reformas posteriores de corte liberal, el país fue cediendo herramientas estratégicas para defender sus recursos. En esa línea, la discusión sobre quién posee, explota y decide sobre la tierra no es ajena a la causa Malvinas, sino que se inscribe en el mismo problema de fondo: la soberanía.
La causa Malvinas es, quizás, el denominador común más potente del sentimiento nacional. Desde los días previos a la noche del 1 de abril se notó en cada intercambio con compañeros, vecinos y veteranos de guerra que la gesta de 1982 no es una muestra de vergüenza, sino de orgullo. En Río Grande, esa percepción se vive con una intensidad particular: la cercanía geográfica parece acortar también la distancia emocional con las islas.
Sin embargo, durante años se instaló un relato incompleto. La guerra quedó muchas veces reducida a la dimensión trágica de la última dictadura, invisibilizando el sentimiento de quienes combatieron. Es cierto que el conflicto se dio en el contexto de una conducción militar cuestionada e improvisada, como expresó un Veterano en el discurso central del miércoles 1 a la noche. Pero reducir a los veteranos a la categoría de víctimas pasivas implica desconocer su propia voz. Muchos de ellos reconocen errores de conducción, improvisación y falta de planificación, pero no reniegan de su participación.
El testimonio de quienes estuvieron en el frente desarma simplificaciones. “Si hubiera que volver a Malvinas lo haríamos sin chistar”, expresó el VG Bernardo Ferreyro en la entrevista que le hicimos durante la vigilia, la cual está disponible en las redes sociales de nuestro espacio, sintetizando un sentimiento que se repite en distintos relatos. Lejos de la imagen de derrota, emerge una narrativa de compromiso, pertenencia y orgullo nacional.
La vigilia, entonces, no es solo un acto conmemorativo. Es también un espacio de disputa simbólica sobre el sentido de la historia argentina. Allí conviven generaciones, miradas y experiencias, pero con un hilo conductor común: la convicción de que la soberanía no es un concepto abstracto, sino una práctica concreta que se construye todos los días.
Volver de Río Grande con la pregunta sobre qué es ser argentino implica, en definitiva, asumir que la respuesta no está cerrada. Se construye en la memoria de Malvinas, en la defensa de los recursos, en la discusión sobre el territorio y, sobre todo, en la voluntad de proyectar un país con identidad propia. Porque si algo deja la vigilia es la certeza de que Malvinas no es solo pasado: es presente y, sobre todo, futuro.

- Foto de los militantes de Aurora y El Aluvión que fueron a Río Grande. La foto de portada corresponde a los militantes del Centro Cultural Juan Manuel de Rosas de San Martín que fueron a la Vigilia en Río Grande.
