Los obispos referentes del distrito, como el histórico Rodríguez-Melgarejo y el coreano Han Lim Moon, ni siquiera los llaman por teléfono para respaldarlos cuando denuncian a los narcos o intentan pacificar barrios atravezados por la inseguridad. Por el contrario, les "mandan emisarios para que bajen un cambio". Es un sentimiento que se repite en otras partes del conurbano y el país. El miedo que sembró la dudosa muerte del cura Viroche, en Tucumán.
San Martín tiene dos referentes eclesiásticos con peso en la estructura de la iglesia. Por un lado, Han Lim Moon, de 60 años y de oriden coreano. En 2014 fue nombrado obispo auxiliar.
Y por el otro, el histórico Guillermo Rodríguez-Melgarejo, nombrado obispo a mediado de 2003. Es quien más peso tiene en la Comisión Episcopal, ya que presidente el área de Fe y Cultura y es miembro permanente.
Al tener gran cantidad de asentamientos y villas, San Martín se caracteriza por tener una presencia importante de curas villeros. Allá por 2013 llegó a La Cárcova el Padre Pepe. Pero también hay otros casos, como el del Padre Benegas, sacerdote del barrio Libertador.
Este ultimo tomó protagonismo a partir del caso del médico de Loma Hermosa que mató al ladrón que intentaba robarle el auto. Tras eso, Benegas realizó una marcha para pacificar el barrio y tratar de calmar las aguas entre los vecinos del médico y los amigos y familiares de "Nunu", el delincuente asesinado.
Los curas villeros denuncian en cuanto micrófono abierto se le presenta, que reciben amenazas de los narcos y la connivencia entre un sector de la policía y los vendedores de droga. Y en el caso de Benegas, también asumió un rol importante en casos de inseguridad.
Los curas villeros vienen resongando por lo bajo que los referentes orgánicos de la iglesia no solo no denuncian estas problemáticas, sino que no los respaldan cuando ellos deciden apuntar contra los narcos y la delincuencia.
Benegas les cuenta a los suyos que, por ejemplo, hace tres semanas, lo llamaron para advertirle que no fuera a la capilla porque había 20 personas -familiares y amigos de "Nunu"- que lo fueron a buscar, "muy amenazantes".
Esta bronca con los obispos de los distritos no es exclusiva de San Martín. El cura Juan Viroche de La Florida, Tucumán, nunca fue escuchado con atención por el Arzobispo de esa provincia, Alfredo Zecca. Pero en el conurbano ya es moneda corriente. Incluso, cuuras que en su momento se animaron a hacerle frente a los narcos, hoy lo piensan dos veces a partir de la dudosa muerte de Viroche.
Luis Luna, párroco de la Iglesia Itatí, en Pablo Nogués, marcó en 2015 las casas del barrio donde se vendían drogas a niños y jóvenes. Algo similar ocurrió un año antes con curas villeros de Merlo y Moreno. Pero ante la muerte de Viroche, prefirieron guardarse unos días, usando argumentos similares a los de San Martín: "Vienen las cámaras y nosotros denunciamos a los narcos. Pero después nos dejan solos. Y los obispos ni nos llaman para darnos respaldo. Nosotros después tenemos que caminar y vivir en los barrios, en las villas, solos, sin que nadie nos cuide".

