El oficialismo libertario refuerza su estrategia para fragmentar a la oposición y consolidar su hegemonía. En el PRO, las internas se profundizan, mientras que el PJ enfrenta divisiones en varias provincias. En la provincia de Buenos Aires, el gobierno apuesta a desplazar al macrismo y captar el voto peronista disidente.
La consolidación del oficialismo libertario y la dispersión de la oposición han modificado el escenario político argentino. Con Javier Milei al frente, La Libertad Avanza (LLA) ha logrado fortalecer su estructura partidaria, expandiéndose en las provincias y preparando el terreno para las elecciones de 2027. Con apenas dos bancas en juego en el Congreso, el oficialismo tiene garantizado un crecimiento legislativo y apuesta a consolidar su hegemonía.
El impacto de los libertarios ha sido significativo, con un efecto similar al que tuvo el PRO tras la crisis de 2001, aunque con características propias. Milei asumió la presidencia sin una estructura partidaria tradicional y con un discurso disruptivo que alteró la dinámica política. Su gestión avanzó con un fuerte ajuste económico y retomó negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), lo que generó tensiones tanto dentro de su espacio como en la oposición.
En el PRO, el crecimiento libertario provocó una crisis interna. El partido se encuentra dividido en tres sectores: los seguidores de Mauricio Macri, los aliados de Horacio Rodríguez Larreta y un grupo mayoritario con afinidad por las ideas libertarias. Una fuente cercana al PRO vinculada al oficialismo aseguró que la unidad del bloque se mantendrá, al menos hasta noviembre, por una cuestión estratégica. “Vamos a tratar de mantener todo lo que podamos la unidad porque nos conviene darle el número al oficialismo y porque además, si se rompe, automáticamente se arma el PRO opositor y ese sector en minoría debería terminar votando con el kirchnerismo”, afirmó un legislador.
La provincia de Buenos Aires se ha convertido en un escenario clave para la estrategia libertaria. La reciente imagen de Cristian Ritondo y Diego Santilli junto a Javier y Karina Milei dejó al sector macrista sin una respuesta clara. La apuesta del gobierno es polarizar la elección entre oficialismo y kirchnerismo, relegando al PRO tradicional.
El crecimiento de LLA no se limita al nivel nacional. En las provincias, la presencia libertaria se ha expandido. Juntos por el Cambio logró imponerse en diez distritos, pero el PRO solo gobierna en Entre Ríos y Chubut, donde los mandatarios priorizan las cuestiones locales. En Chaco, el gobernador radical Leandro Zdero se alineó con Milei, mientras que en Santa Fe, cinco de los seis legisladores radicales ya han manifestado su apoyo al presidente. En Mendoza, el vínculo entre el gobierno provincial y la administración nacional es fluido, beneficiando al oficialismo.
En territorio bonaerense, el PRO ha perdido peso. De los 16 intendentes con los que contaba a principios de año, varios se acercaron al oficialismo. Los jefes comunales de Tres de Febrero, Capitán Sarmiento y Mar del Plata ya se alinearon con Milei, mientras que en distritos como San Isidro, Pergamino y 25 de Mayo los lazos con el gobierno nacional son estrechos.
La avanzada libertaria también ha tenido repercusiones en el Partido Justicialista (PJ), donde las tensiones internas se han profundizado. Gobernadores peronistas de distritos como Buenos Aires, Catamarca, Formosa, La Pampa, La Rioja, Santiago del Estero, Córdoba, Tucumán y Tierra del Fuego han tomado distintos posicionamientos respecto a la conducción de Cristina Kirchner. En provincias como Catamarca, Tucumán y Chaco, el kirchnerismo decidió competir con listas propias, diferenciándose de los oficialismos locales. Un dirigente del PJ explicó que esta fragmentación responde a estrategias individuales. “Osvaldo Jaldo (Tucumán) y Raúl Jalil (Catamarca) juegan para ellos. Lo vienen haciendo en el Congreso con un bloque propio los tucumanos y con ausencias los catamarqueños”, afirmó.
En Córdoba, la relación entre el peronismo provincial y la cúpula del PJ es distante, mientras que en Santiago del Estero y Salta, donde los gobernadores no pertenecen al justicialismo, también se evidencia una separación del kirchnerismo. Este escenario favorece a los libertarios, que buscan dividir el voto opositor y consolidar su posición.
La estrategia de LLA se basa en tensionar el tablero político y reducir el espacio del centro. El gobierno impulsa la fragmentación tanto del PRO como del PJ para fortalecer su dominio. En la provincia de Buenos Aires, la disputa se concentra entre el oficialismo provincial y el kirchnerismo, mientras el gobierno nacional apuesta a captar el voto progresista y del peronismo disidente. En este contexto, la figura de Facundo Manes aparece como un posible aliado del oficialismo dentro del radicalismo.
Una fuente libertaria describió la lógica detrás de esta estrategia: “En donde no se puede imponer una línea, se busca dividir el voto a toda costa y siempre con la misma idea: somos nosotros o el kirchnerismo”. La combinación de cooptación de dirigentes y debilitamiento de las fuerzas opositoras ha permitido al oficialismo consolidarse como un actor central en la política argentina.
