Se cumple un nuevo aniversario de los fusilamientos de civiles y militares peronistas. Sin juicio previo o con parodia de los mismos que por violencia e ilegalidad se encaramaron en el poder en 1955. Pero, ¿por qué recordarlos una y otra vez, año tras año, sólo por respeto a los muertos?
Ahondar en las verdaderas causas de la masacre es realmente hacerles justicia y traerlos a la memoria, volver a pasar cada uno de sus nombres por nuestros corazones es aprender que en su lucha pasada puede estar también las claves de la nuestra.
La oligarquía de entonces, con su macabro accionar le pareció necesario escarmentar al pueblo y retrotraer al país al período anterior a la llegada de Juan Perón a la presidencia de la Nación. Es decir, se pretendía clausurar con sangre la mayor experiencia revolucionaria argentina y volver a la llamada Década Infame donde los ingenieros del coloniaje habían sentenciado que el pobre debía seguir siendo pobre y el rico cada vez más rico. Se debía aleccionar a una población que cometió el pecado de querer vivir mejor a lo que habían hecho sus padres y que deseaban legar a sus hijos una patria feliz.
Hace poco la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, tuvo una vez más otra de sus pocas frases felices pero cargadas de sinceridad política de lo que ella y Cambiemos desean para nuestro pueblo: “Hemos tenido que tomar decisiones difíciles diciéndoles a los argentinos que era mentira que podían tener calefacción, que podían tener electricidad que podían tener servicios sino había tarifas reales, y sabemos que es difícil y que es un camino duro para muchas familias…”. De esta forma, palabras que hieren como balas, se intenta clausurar una vez más en nuestra memoria colectiva la certeza de que hemos vivido días diferentes. La gobernadora, como así mismo el presidente Mauricio Macri, intenta colocar a la última década de crecimiento económico e inclusión social como algo anómalo en nuestra historia. Ayer se intentó ocultar los logros de los gobiernos de Juan Perón, hoy se desea hacer lo mismo con los de Néstor y Cristina.
Cuando los poderes fácticos del país hablan de “lo necesario”, de “que hay que pasar el invierno”, de “sinceramiento”, son fundamentalmente los sectores del trabajo los que sufren y ponen el lomo. ¿Acaso el desocupado no es un muerto en vida que ve con desesperación la mesa vacía de su hogar? ¿Acaso el trabajador que no puede llegar a afrontar la suba de las tarifas no se desespera hasta la muerte? ¿Acaso el pequeño empresario no es un fusilado económico ante la retracción del mercado de consumo y la apertura importaciones?
Entonces, queda más que claro, que quienes fusilaron y escarmentaron a todo un pueblo hace 60 años lo hicieron con la intención de extirpar de su memoria la Justicia Social que habían disfrutado de toda una década (1945-1955). Lo mismo intentan hacer hoy, fusilamiento tarifario mediante, al querer borrar de nuestra conciencia, de que hemos vivido, tan solo ayer, otra década peronista con buenos días, con inclusión, con una economía creciente, con la dignidad del trabajo, con la anhelada Justicia Social.
Pero no es eterna la noche, solo oscura. El peronismo unido es invencible y si nos ajustamos a ésta máxima y tenemos firmeza en las ideas este tiempo de oscurantismo neoliberal también volverá a pasar. De nosotros depende de que así sea…
