En el comienzo de un nuevo mandato, la Presidenta se apoyó en sus hijos y en Néstor Kirchner, a quien dedicó varios comentarios. La euforia de Boudou. El respaldo a Guillermo Moreno y la advertencia a Moyano. Cobos y Scioli, ninguneados. El apoyo de los mandatarios de la región y el saludo a Chávez.
Por Elisa Rossi
La asunción de Cristina Fernández de su segundo mandato al frente del Ejecutivo nacional estuvo marcada por las emociones; las de la jefa de Estado, de su familia, del arco político oficialista y de la militancia kirchnerista. En este contexto, las palabras y los gestos, concientes y de los otros, se prestan a una particular interpretación.
El primero, un dato que no es sólo de color, la Presidenta mantuvo el luto y llegó al Congreso sin la banda presidencial, que fue colocada por su hija Florencia para regocijo de La Cámpora; tanto ella como su hermano, Máximo, estuvieron todo el tiempo al lado de la mandataria. Además, sobrevoló el acto la figura de Néstor Kirchner, siendo el momento más fuerte el comentario de la mandataria durante su jura, "si así no lo hiciere, que Dios, la Patria y él me lo demanden".
Cristina se quebró en varias oportunidades, y el contraste más notable fue con su vice, Amado Boudou, uno de los más eufóricos de la jornada. En tono neutro estuvo Julio Cobos, quien abrió la sesión y fue, como era previsible, cortésmente ninguneado por la Presidenta. Otro gesto que resta a la calidad institucional fue la imagen de Ricardo Alfonsín, el ex candidato a presidente de Udeso, escuchando el extenso discurso casi con fastidio y jugueteando con sus lentes. También si de imágenes se trata, fue notable como la transmisión oficial eludió mostrar al gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli.
Los puntos que acapararon la mayor atención involucraron a dos personajes poderosos: Guillermo Moreno y Hugo Moyano. En el primer caso, la noticia fue buena, Cristina anunció la creación de la Secretaría de Comercio Exterior, que dijo, junto con la Secretaría de Comercio Interior serán las dos caras de una misma moneda. En cambio para un sector sindicalista referenciado en el líder de Camioneros hubo un “palo”: “El derecho de huelga es un derecho que asiste a todos los trabajadores por imperio de la Constitución reformada. Hay derecho de huelga, pero no de chantaje ni de extorsión".
La Presidenta habló de derechos humanos, de economía (en gran medida), inversión pública y hasta de turismo. Omitió, y ya es tema criticado por la oposición, la inflación y la inseguridad. Un capítulo aparte, la presencia de los mandatarios de la región, varios de ellos con serios problemas de salud, como el paraguayo Lugo y el uruguayo Mujica; también estuvieron la brasileña Rousseff, especialmente mencionada, el boliviano Morales y el chileno Piñera. La jefa de Estado no pasó por alto la ausencia de un amigo de su gestión: “Quiero también agradecer la ayuda de la hermana república de Venezuela, allá en los tiempos de Néstor, y desearle a su presidente, Hugo Chávez Frías, su reestablecimiento".
