La escalada del dólar blue traduce un apabullante triunfo del colchón sobre el plazo fijo. Pero los analistas advierten que descuidar al sistema financiero en algún momento se vuelve un boomerang.
Pedirle a los ahorristas que actúen en defensa del peso es cada vez más difícil. La escalada del dólar blue traduce un apabullante triunfo del colchón sobre el plazo fijo, un instrumento que ha sido carcomido primero por una inflación impiadosa y que ahora no tiene forma de pelear contra el temor y la incertidumbre que mueven al billete verde.
Hoy la gran mayoría está dentro del sistema, más por resignación que por convicción. Pero los analistas advierten que descuidar al sistema financiero en algún momento se vuelve un boomerang.
El Gobierno, coherente con su propio relato, cree que el grueso de la población consume bienes más cerca del piso que marca el Indec que del nivel que miden los privados. Del mismo modo, percibe que el dólar desvela solo a una clase acomodada. Por eso le cuesta aceptar que las decisiones que mueven a la economía están más atadas al blue y a la inflación de 22/24% de lo que admite su lógica. Lo que hoy deben medir es el momento y la forma de actuar para bajar la fiebre actual. Porque los instrumentos elegidos para cumplir sus objetivos hoy están jugando en contra. Ahorrar en pesos sin perder, consumir sin resignar poder adquisitivo y producir sin ceder rentabilidad o mercados debería ser lo normal. Pero no lo es. Que el Gobierno lo convalide en forma pasiva, tampoco.
