Rosa Duarte tiene 67 años y, según dice ella misma, una “colección de remeras” que llevan estampados los rostros de sus familiares asesinados y el reclamo de JUSTICIA para ellos.
Por Gisele Santana
La primera, la de Martín Méndez, su hijo mayor, fusilado en lo que se conoció como “masacre de Delfino”, en la que la policía acribilló a tiros a varios jóvenes, algunos de ellos solo niños, hace más de 30 años. Desde ese momento, Rosa se sumó a esa tradición nacional en la que las mamás, siguiendo el ejemplo de las Madres, se ponen al frente de la lucha por justicia para sus hijes, enfrentan la impunidad del aparato represivo, intacto desde la dictadura hasta hoy, de la justicia clasista y patriarcal, de los gobiernos cómplices.
Luego, el dolor volvió a golpear a su puerta y vistió una segunda remera, la de su nieto, asesinado en una “gresca” en el barrio de Las Tunas donde vive toda la familia. Uno de esos barrios donde la violencia y el abandono estatal son norma. Y donde Rosa, su hijo Manucho, sus compañeres del Bachillerato Popular Raíces y toda la familia que sostiene el merendero Virgen de Itatí – Gauchito Gil, enfrentan esa norma y día a día pelean por imponer otra lógica, la de la solidaridad, el plato de comida compartido, la educación como alternativa al sin salida, a los sueños de un futuro que el sistema le tiene secuestrado a los pibes y las pibas.
Desde ese espacio de resistencia, Rosa y su familia se enfrenaron a la avanzada narco que recrudeció durante la pandemia, cuando elles recorrían las casas en pleno aislamiento, llevándole comida a les vecines que no podían salir, que estaban enfermes, recluides, sin laburo ni changa.
Vieron como desde la casa donde cumplía prisión domiciliaria una conocida narco, comenzaba a desplegarse una red de transas y soldaditos que pugnaban por envenenar a les pibes, y elles se plantaron para decir NO.
El resultado, el hermano de la narco baleó en la cadera a Manucho, hijo de Rosa, presidente del merendero, y el barrio se levantó y terminó echándolos. La movilización de les vecines hizo lo que el Estado no hace (por complicidad), le puso un freno a los narcos.
Pero esa acción no fue gratis, y así fue que Rosa tuvo que vestir su tercera remera. La de Gabriel, su hijo menor, al que esos mismos narcos asesinaron en su casa, de seis balazos, a la vista de su compañera Patricia y estando ahí su bebé, Feli, de tres añitos.
Fue la crónica de una muerte anunciada, porque desde el balazo a Manucho, la familia de Rosa recibía amenazas desde el servicio penitenciario, desde números privados, donde advertían que iban a terminar lo que empezaron, que iban a matar a alguno de sus hijos. La víctima fue Gabriel, y el dolor fue total.
Hoy, Rosa, Patricia, las hermanas y hermanos de Gabriel, sus cuñadas, sobrines, les profes del Bachi, del SUTEBA de Tigre, los delegados del Rioplatense, todo el barrio de Las Tunas está movilizado para exigir justicia para Gabriel, para frenar el avance del narco en el Barrio y para abrazar y sostener a esa familia laburante, que aprendió a los golpes que la organización por abajo es la única herramienta que tiene la clase obrera y el pueblo pobre cuando se trata de enfrentar a enemigos poderosos, a toda la podredumbre de un capitalismo que agoniza sobre nuestras espaldas y que nos arrastra a la barbarie.
Este viernes, 12 de mayo a las 18:00 hs., Rosa, su familia, y todo ese pueblo movilizado, van a marchar al Destacamento Policial de Las Tunas a exigir respuestas . Y nadie que esté comprometido con la vida, con los derechos humanos, con la construcción de una sociedad más justa, debería faltar a esa cita.
