Los jóvenes de 16 a 29 años representan el 30% del padrón electoral y podrían ser clave para definir el resultado de las elecciones legislativas.
En octubre de 2012 se sancionó la ley 26.774 que permitió comenzar a votar a los mayores de 16 años. Hoy, los jóvenes de 16 a 29 años representan el 30% del padrón que son algo más de 10 millones de posibles votantes. En un contexto de descontento social genealizado hacia la clase política, este rango etario es hoy uno de los más apetecibles para las distintas fuerzas políticas.
Es por eso que en estas elecciones se vio un intento desesperado de los candidatos para interpelar a los jóvenes de nuestro país. No es casualidad que, por ejemplo, la marihuana y su despenalización haya estado en agenda en plena campaña política de cara a las PASO.
También se vio a Tolosa Paz hablando de “garchar”, a Juntos presentar la “Santileta” y a la Izquierda grabando un spot como si fuesen los simuladores. A priori, según los encuestadores, los resultados no son los esperados. “No es un sector homogéneo, hay mucha diversidad en términos del voto”, sostiene Lucas Romero, de Synopsis. “Es una agenda muy compleja”, agrega.
Cuando las juventudes se comprometen con un proyecto político, el crecimiento es inevitable, porque quiere decir qué hay un Estado que genera oportunidades en forma igualitaria. pic.twitter.com/JQKWQLClk7
— Victoria Tolosa Paz (@vtolosapaz) September 7, 2021
Por su parte, Shila Vilker, de la consultora Trespuntozero, graficó de manera nítida cuáles son, según ella, las cuatro categorías para ubicar a los jóvenes y los divide en “los antisistema”, “los progres”, “los ni-ni” y “los jóvenes viejos”.
Los antisistema tienen un interés en la política pero un rechazo a la dirigencia. Hoy, naturalmente, son interpelados por los liberales como Javier Milei y José Luis Espert; Los progres se vincula con la política por causas como feminismo, veganismo y ambientalismo y sin bien son más propensos a votar a modelos nacionales y populares como el FdT, hoy tienen un vínculo desgastado con ese espacio.
Los ni-ni son aquellos que rechazan la política en su conjunto, apostaron a algún espacio en el paso pero hoy están desencantados con todos; por último, los jóvenes viejos repiten los mismo preceptos que sus padres y abuelos, vinculados al trabajo y el mérito: tiene ADN peronista pero no militan.
Teniendo en cuenta esta división que hace Vilker y el momento del FdT, quien se encuentra en una fuga permanente de votos, es el oficialismo el más preocupado en seducir este rango etario. Hoy solo que no le está costando, sino que en la región AMBA parecen emigrar hacia los espacio libertarios de Milei y Espert.
Restará saber el domingo por la noche qué resultado arroja la búsqueda exhaustiva que hicieron los candidatos para cautivar el voto joven.
