Hay 4 Argentinas: la que viven los más "pobres"; la Argentina de los "vulnerables"; el país de la "clase media" y, finalmente, está la Argentina de "clase alta".
Los más pobres tienen dificultades en sus viviendas, pocas chances de conseguir trabajo y un problema crítico en los jóvenes que no han visto trabajar con continuidad ni a sus padres ni a sus abuelos. También tienen diversos planes sociales que han ido perdiendo potencia frente a la inflación.
La Argentina de los vulnerables tiene que ver con el trabajo informal, con las changas, con muchos monotibutistas también que la pelean como pueden. Son los que trabajan sin tener recibo de sueldo, sin cobertura médica y que les va bien o mal según cuánto crece el consumo interno y cómo van actividades como la construcción y el textil.
La Argentina de clase media tiene trabajo formal (público o privado) y, por tanto, recibo de sueldo, obra social, aportes jubilatorios. También es la Argentina que paga cada vez más impuestos y que, muchas veces, siente que debe además pagar servicios privados de salud y educación.
El país de clase alta tiene que ver con la concentración económica y, también, con muy altos niveles de consumo.
Estas 4 Argentinas tienen tensiones, tienen conflictos que se potencian en situaciones como las actuales en donde la inflación y el debate acerca de qué hay que hacer con el empleo se ponen sobre la mesa.
Creo yo que está es la verdadera grieta. La fragmentación social es el verdadero conflicto argentino. Y no se resuelve tensando la cuerda, potenciando los conflictos, sino generando políticas de Estado que den una base de arranque en vivienda, salud, educación y trabajo que realmente de oportunidades a todos.
Ahí está el GRAN DESAFIO de nuestra generación: hacer una Argentina en la que todos tengamos chances de que nos vaya bien.
