La Unión Cívica Radical se acercó a un punto de tensión que ya nadie disimula. El 12 de diciembre, el Comité Nacional elegirá a quienes reemplazarán a Martín Lousteau, en un contexto marcado por el derrumbe electoral, la fuga de dirigentes hacia La Libertad Avanza y la necesidad de una lista de unidad que frene el deterioro interno. La discusión avanzó de manera lenta y fragmentada, pero todos coinciden en que el partido necesita un acuerdo antes de esa fecha o enfrentará un escenario todavía más complejo.
Lousteau confirmó que no continuará al frente del radicalismo. Además, asumirá como diputado y se integrará al espacio Provincias Unidas, lejos del bloque partidario tradicional. Su salida dejó libres todos los casilleros de la conducción. Sin embargo, hasta ahora nadie expresó una voluntad firme de ocupar ese lugar. En el partido, dirigentes de todos los sectores repiten la misma idea: nadie quiere hacerse cargo de conducir un espacio golpeado por derrotas y disputas internas.
En las distintas líneas radicales admiten que la negociación recién tomó ritmo. Una fuente partidaria expresó: “Estamos en un proceso interno de unidad, pero vamos a tener que elegir quiénes nos van a representar”. Esa frase sintetizó el clima: una obligación más que un deseo.
El avance libertario aceleró la crisis. La decisión de los diputados Mariano Campero, Luis Picat y Federico Tournier de incorporarse a La Libertad Avanza dejó en evidencia la falta de cohesión. En el Congreso el panorama es crítico: en dos años, la bancada radical de Diputados pasó de 33 a 14 miembros. Este diciembre, además, varios legisladores finalizaron su mandato y el partido solo retuvo tres lugares.
Ese retroceso generó otra urgencia: reconstruir bloques parlamentarios sólidos, tanto para recuperar volumen político como para definir una postura clara frente al Gobierno nacional. El debate sobre si la UCR debe mostrarse colaborativa o asumir un rol opositor divide a los gobernadores y condiciona la elección partidaria.
Valdés, la figura que aparece pero no se confirma
Dentro de la UCR, muchos ven al gobernador de Corrientes, Gustavo Valdés, como el dirigente con mayor volumen para encabezar un nuevo ciclo. En el partido remarcan que combinó diálogo con la Casa Rosada y distancia política cuando lo creyó necesario. También fue el único gobernador radical que ganó su provincia sin apoyos libertarios.
Aun así, en su entorno aclaran que el mandatario no quiere asumir en medio de la tormenta interna. En la conducción partidaria admiten que, si él aceptara, encontrarían la forma estatutaria para habilitarlo. Un reconocido dirigente expresó: “Si Valdés quiere ser presidente del partido, lo va a ser”. Sin embargo, por ahora esa definición no llegó.
Otras figuras tampoco dieron pasos concretos. El santafesino Maximiliano Pullaro, el jujeño Carlos Sadir y referentes de trayectoria nacional como Mario Negri descartaron interés. Incluso el nombre de Maximiliano Abad circuló con fuerza después de un encuentro partidario en el Gran Buenos Aires, donde afirmó: “No quiero un radicalismo a la deriva, esperando que alguien le tire un salvavidas. Quiero un radicalismo que construya su propio barco, que ordene su tripulación y tenga autonomía de las demás fuerzas políticas”. Pese a esa frase, sus colaboradores negaron que tenga intención de competir.
Mientras tanto, otros sectores advierten que la discusión se concentró demasiado en nombres y muy poco en la estrategia. “Se apuran por decidir nombres y no por la línea que debe seguir el Partido”, expresó un dirigente que sigue de cerca la negociación. Ese razonamiento se repite entre gobernadores que observan un desgaste acelerado en su relación con la Casa Rosada. La expectativa por recursos y obras tensionó el vínculo y abrió dudas sobre el rumbo que deberá tomar la UCR.
El impacto en el Congreso: un rompecabezas sin resolver
La elección interna no solo definirá autoridades; también marcará cómo se ordenarán los bloques legislativos. En el Senado, la unidad radical parece posible, aunque la situación cambiaría si Valdés asume la presidencia partidaria y provoca un reacomodamiento en la cúpula del bloque. En Diputados, en cambio, la disputa es mucho más profunda. Provincias Unidas retuvo a Lousteau, Mariela Coletta y legisladores cercanos a Valdés y Sadir. La bancada radical oficial, por su parte, busca recuperar volumen para proyectar una identidad propia.
Una legisladora que participa de las conversaciones lo resumió así: “La idea es que tengamos un método de toma de decisiones y no tanto fijación de nombres propios. Tenemos que reconstruir una identidad radical con una agenda que incluya a las 5 provincias que gobernamos y que los que no gobiernan tengan también un espacio de apoyo y contención para posicionarse. Un bloque con identidad propia”.
Una elección que definirá el futuro
A trece días de la votación, el radicalismo enfrenta una definición que excede el recambio de autoridades. La UCR deberá decidir si se reagrupa como fuerza nacional, si profundiza su perfil opositor o si mantiene una relación pragmática con el Gobierno libertario.
Lo único seguro es que la conducción nueva necesitará consenso. La duda, todavía sin respuesta, es si ese consenso será sólido o apenas un acuerdo circunstancial para evitar un colapso interno. En cualquiera de los casos, el radicalismo ingresó en una etapa decisiva, con la urgencia de recuperar protagonismo antes de quedar reducido a una sumatoria de fuerzas provinciales sin un rumbo común.
