Sin el aval del principal referente de La Cámpora se complican conseguir los votos necesarios para confirmar el acuerdo en Diputados. ¿Qué pasará con la coalición de gobierno de cara al 2023?
Lo que debería haber sido un punto de inflexión para la gestión de Alberto Fernández y que a partir de allí pueda mostrar su capacidad de gestión y liderazgo, derivó en una implosión que aún es difícil de materializar sus daños. Tanto el presidente como el ministro Martín Guzmán contaron en tono de epopeya el entendimiento logrado con el FMI para renegociar los 44 mil millones de dólares que contrajo el Gobierno de Mauricio Macri.
Renegociación con acreedores privados, superar la pandemia y acuerdo con el FMI. Esos eran los obstáculos que el albertismo tenía como objetivo superar para, por fin y de una vez por todas, dedicarse a gobernar y plasmar un gobierno nacional y popular con el de Néstor Kitchener como ejemplo a imitar.
El lunes Máximo Kirchenr empañó la ilusión de superar el último obstáculo e implosionó al Frente de Todos renunciando a la presidencia del bloque oficialista en la cámara baja. Molesto por el acuerdo con el Fondo, el hijo de la vicepresidente comunicó su decisión con una carta donde esbozó durísimas críticas hacia el presidente, su ministro de economía y toda el ala considerada albertista dentro de la coalición gobernante.
Las razones son evidentes: Máximo no quiere ser el encargado de conseguir adhesiones en el parlamento para aprobar un programa de ajuste del cual está plenamente en contra, tal como esgrimió en el comunicado. El principal referente de la Cámpora prefirió complacer y cuidar a su núcleo duro de votantes y arriesgar la gobernabilidad del Frente de Todos.
Si bien Alberto Fernández intentó poner paños fríos a una evidente crisis política de la coalición y alabó el trabajo legislativo de Máximo cuando presentó a su sucesor (santafecino Germán Martínez), el albertismo está furioso por la decisión de Máximo Kirchner. Decisión que incluso la propia Cristina no avaló.
Según reveló el diario Clarín, un funcionario de peso (¿ministro?) cercano a Alberto reflexionó enojado: «¿Qué va a hacer ahora Wado? ¿Cómo les habla a los gobernadores? Otros compañeros le bajan un poco el tono, pero para mí con esto se terminó el Frente de Todos. ¿Cómo siguen en el Gobierno si faltan dos años y Máximo dijo que no están de acuerdo con el programa económico?».
En público ya salieron los primeros trapitos al sol. Del lado de Máximo la siempre poco sutil ex diputada nacional Fernanda Vallejos, quien dijo que “la derrota en 2023 con este acuerdo está asegurada”. Por parte de Alberto el que tomó la posta fue su ministro de Seguridad, Aníbal Fernández: . “No puede haber cuarenta cabezas, hay una sola y está pensando en llevar las cosas de una determinada manera. ¿No te gusta? Y bueno, esperemos a la próxima cuando vos seas presidente”, manifestó en alusión a la renuncia de Máximo.
Los daños colaterales aún son incalculables. En principio se imponen dos interrogantes: ¿Se podrá aprobar el acuerdo con el FMI en el Congreso? ¿Llega el FdT sin romperse al 2023?
En primer término, según los cálculos los números en Diputados están ajustados. Si los diputados de La Cámpora y el kirchnerismo puro se acoplaran a la posición fijada por Máximo Kirchner, el Gobierno perdería unos 40 votos.
Eso le pasaría la pelota a la oposición. Ayer, martes, tanto Patricia Bullrich y Luis Juez aseguraron que no acompañarán el acuerdo si un sector del oficialismo no lo hace. Este miércoles Horacio Rodríguez Larreta bajó el tono a esas declaraciones y aclaró que esperarán ver la letra chica del entendimiento con el Fondo. Complejo trabajo le espera a Germán Martínez para conseguir los votos necesarios.
En segundo lugar, sobre el futuro de la coalición que sacó a Macri del Poder, hay un punto importante en términos electorales: el tiempo. Si el oficialismo buscaba un momento oportuno para expresar diferencias (sobre todo el malestar de los más radicalizados) es este, suficientemente lejos de las elecciones. Claro: siempre y cuando se repita la premisa que es el axioma de ambas coaliciones: unidad hasta que duela.
Alberto Fernández se encuentra en una gira muy importante por Rusia y China. Cuando vuelva tendrá que sofocar una crisis que nadie esperaba. ¿Hablará con Cristina?.
