La agrupación La Cámpora de San Miguel, el Peronismo Militante y el candidato a Intendente de San Miguel por el Frente para la Victoria, Bruno Baschetti, llevaron a cabo en la UNGS una charla-debate conducida por el economista Juan Santiago Fraschina, asesor de la Subsecretaria de Coordinación Económica del Ministerio de Economía y miembro de la agrupación “La graN MaKro”.
El economista Juan Santiago Fraschina destacó que “Grecia debe ‘argentinizarse’”, haciendo referencia al duro momento del pueblo griego, que necesita una “salida a lo Argentina” de su crisis, y “la culpa de la inflación es de Cobos”, recordando que el actual vicepresidente es responsable de que la resolución 125 no haya tenido efecto. A continuación un resumen de su pensamiento.
El modelo neoliberal instaurado en Argentina desde la última dictadura militar, pretendió convertir a la Economía en una ciencia oculta, ajena al común de los mortales, encriptada y puramente matemática.
La “Ciencia Económica” se aisló de la política y pasó a ser, solamente, una materia abstracta, casi exacta, llena de fórmulas. No era discutible, entonces, ni modificable.
La llegada de Néstor Kirchner a la presidencia cambió el paradigma: la política sería, a partir de ese momento, la que se encargue de interpretar, modificar, cuestionar y crear medidas económicas.
Los economistas más ortodoxos (Redrado, Prat Gay, Lousteau, Broda) son los que dictaron (y hoy todavía lo hacen) las recetas económicas que llevan a ajustes, privatizaciones, desempleo y pobreza. El FMI es uno de los hacedores de países pobres.
La heterodoxia en políticas económicas del ex Presidente llevó a una quita de la deuda al FMI de casi u$s 60.000 millones. Hoy Grecia está pasando por una situación similar, y es por eso que afirman “Grecia debe ‘argentinizarse’”.
La inflación siempre estuvo casi justificada en sólo dos argumentos: el consumo y la suba de salarios.
Durante el gobierno de Néstor Kirchner, mientras el economista Roberto Lavagna fue Ministro de Economía, y todavía con altos índices de pobreza, este último plantea al ex Presidente la necesidad de frenar la inflación, “enfriando” la economía; esto es, desacelerando el consumo. ¿Cómo era posible que la gente pobre consumiera? ¿Cómo era posible que, quienes no tenían qué comer, fueran capaces de “recalentar” la economía, y llevar los precios al alza? Este escenario lleva a Kirchner a alentar justamente lo contrario: consumo y más consumo, y al Dr. Lavagna fuera del Ministerio. Si hay consumo, hay venta; si hay venta, se necesitan productos; ergo, se estimula la producción, lo que genera empleo, y más consumo, pero no inflación. “En los cementerios no hay inflación, porque no hay consumo”.
La segunda supuesta “causa” de la inflación es el incremento de los salarios. Durante muchos años, las paritarias fueron congeladas, por lo tanto, los salarios estaban estancados, y demorados tras la inflación, generando poca demanda y por lo tanto, poca producción, lo que cerraba el círculo vicioso al provocar cierres de industrias, más despidos y menos demanda aún; durante el paso de la Dra. Patricia Bullrich por el Ministerio de Trabajo, uno de los decretos que se firmó fue la reducción de los salarios de los empleados públicos y la reducción de las jubilaciones en un 13%. A partir de la reactivación de las paritarias durante el gobierno de Kirchner, los asalariados pudieron reclamar por sus salarios, ajustándolos a una nueva realidad de precios. Habría que preguntarse, entonces, quién fue primero: ¿el huevo o la gallina? ¿Los aumentos de precios, haciendo imposible que un asalariado consuma, o los reclamos por salarios dignos?
Otro de los factores que los economistas conservadores consideran como inflacionario es la expansión monetaria: la emisión de moneda. Durante el “1 a 1″ (un peso “valía” lo mismo que un dólar), la moneda debía estar respaldada por el dólar, y estaba atada a él. El ejemplo de una prenda producida en Estados Unidos, con un precio de u$s 20, contra la misma prenda producida en Argentina con un costo de $ 40, fue el más claro: llegaron los importados, beneficiados además por la baja de aranceles a las importaciones del ministro Cavallo, muchos productores dejaron de fabricar, despidieron trabajadores y comenzaron a importar; más desocupación, más pobreza. A partir de la devaluación, con los costos que eso ocasionó, también a los asalariados, producir en Argentina volvía a convertirse en rentable, pero la economía de los Estados Unidos no ayudaba a que el dólar mantuviese un valor competitivo, por lo que el BCRA debía emitir moneda, comprar divisas y evitar así la devaluación ahora del dólar, manteniéndolo en niveles más que aceptables para que los productores industriales pudieran seguir exportando, y mantener así también el plantel de trabajadores.
La demanda creciente de alimentos de, sobre todo, China e India, debido a un crecimiento exponencial de sus economías, generó que productos agrícolas (especialmente la soja, utilizada para alimentar cerdos, fuente principal de alimentos de la población de China) llegaran a precios internacionales récord. Muchos productores agropecuarios decidieron migrar sus producciones a la nueva “vedette”: la soja. Fue así como la superficie de sembrada pasó del 28% en 1997 al 53% en 2007, desplazando producciones locales como algodón, caña, trigo, maíz, ganado vacuno, etc. Es necesario aclarar que la Argentina no es consumidor de soja, pero sí de las otras producciones. Los valores de los alimentos comenzaron a incrementarse, ya que los productores pretenden obtener los mismos valores en el mercado interno que en el internacional (inflación importada). El Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, ante esta situación, intentó con la Resolución 125 controlar la “sojización” de la Argentina, entre otros males, lo que llevó a un lockout de las entidades del agro, fogoneadas por los medios masivos, principalmente el Grupo Clarín y el diario La Nación, socios de negocios relacionados al sector (entre otros, dueños de la exposición anual más grande: ExpoAgro). El voto “no positivo” del vicepresidente Julio Cobos dio por tierra con esa iniciativa. De ahí la frase “la culpa de la inflación es de Cobos”. Como nota “de color”, la hoy candidata a presidenta por la Coalición Cívica, Dra. Elisa Carrió, lleva como primer candidato a diputado al dirigente de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP), Mario Llambías.
