Los obispos valoraron la rápida respuesta al pedido de audiencia. La decisión de la Presidenta se encuadra en su propósito de comenzar su segundo mandato desde el 10 de diciembre sin conflictos y con espíritu más dialoguista.
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner recibió en su despacho de la Casa Rosada a la nueva cúpula del Episcopado, encabezada por el arzobispo de Santa Fe, José María Arancedo, en un encuentro distendido que sirvió para acercar nuevamente al Gobierno y a la Iglesia, que mantenían una relación distante.
La decisión de la Presidenta se encuadra en su propósito de comenzar su segundo mandato desde el 10 de diciembre sin conflictos y con espíritu más dialoguista.
El vocero episcopal Jorge Oesterheld señaló que Arancedo calificó a la reunión, que duró 45 minutos, como "grata" y "muy amable". Dentro de las filas eclesiásticas admiten que el nuevo Episcopado aspira a inaugurar una nueva etapa en la relación con el Gobierno.
Arancedo reemplazó al arzobispo de Buenos Aires y cardenal primado, Jorge Bergoglio, que mantenía una tensa relación con la Casa Rosada.
En la Iglesia "cayó muy bien" la postura contraria de Cristina Kirchner al proyecto de ley de despenalización del aborto impulsado hace una semana en una comisión del Congreso y cuyo debate, sin el apoyo oficialista, fracasó.
Sin embargo, Oesterheld señaló que en la reunión "no se habló del aborto", sino de "la situación general de la familia". También aseguró que no se conversó sobre la pobreza ni sobre la designación de un nuevo obispo castrense, cuyo cargo está vacante desde hace varios años por un conflicto entre la Santa Sede y la Casa Rosada.
"Se habló de la situación en la Iglesia y el país, pero a nivel general", reiteró Oesterheld.
LA ESTRATEGIA OFICIAL
Más allá de la "profundización" del modelo económico y de las decisiones recientes que causaron tensiones cambiarias, la jefa del Estado buscará un perfil más conciliador, especialmente en lo que hace a recomponer la política exterior. Por caso, buscó relanzar también la relación con los Estados Unidos luego de fuertes conflictos diplomáticos.
Fue el tiempo de relanzar el vínculo con la Iglesia. Oesterheld aseguró que "el Episcopado valoró especialmente la rápida respuesta de la Presidenta al pedido de audiencia, que fue ayer (por anteayer) y hoy lo recibe".
No extrañó que en la reunión con los obispos la Presidenta estuviera acompañada por el canciller, Héctor Timerman, por el jefe del Gabinete, Aníbal Fernández, y por el secretario de Culto, Guillermo Olivieri.
Además de monseñor Arancedo, participaron Virginio Bressanelli, obispo de Neuquén y vicepresidente primero del Espiscopado; Mario Cargnello, arzobispo de Salta y vicepresidente segundo, y Enrique Eguia Seguí, obispo auxiliar de Buenos Aires y secretario general de la Conferencia Episcopal.
No participó, en cambio, Oesterheld, que permaneció afuera, y aseguró que se trató de "un saludo protocolar" en el que el tema central fue "el ser humano como la preocupación central, tanto del Estado como de la Iglesia", al tiempo que acordaron mantener un canal de diálogo permanente.
Los obispos le regalaron a la jefa del Estado un ícono con la figura de Jesús el Buen Pastor, mientras que ella les obsequió libros acerca de la Casa Rosada. "Fue muy amable y distendida", dijo el vocero episcopal.
La Casa Rosada no dio información alguna sobre el encuentro y dejó la comunicación a cargo de la Iglesia.
"Monseñor (Arancedo) se retiró muy satisfecho, fue un encuentro muy bueno, una conversación muy grata, muy amable", explicó Oesterheld sobre la calle Balcarce, ya que la Casa Rosada no dispuso un lugar para que los obispos hablaran con la prensa. Y agregó que "fue una reunión protocolar donde se habló en general de las cuestiones de la Iglesia y el país".
Consultado sobre si se habló de la pobreza, Oesterheld aseguró que "siempre la Iglesia plantea las preocupaciones que tiene", pero advirtió que no se abordó "puntualmente" esa cuestión ayer.
Cuando se le preguntó sobre si el encuentro implicaba una nueva relación entre la Casa Rosada y la Iglesia, el vocero explicó que "se han renovado las autoridades y eso conlleva continuidad, pero también es renovación porque es gente nueva la que dirige la institución, con otros estilos".
La última vez que la jefa del Estado había recibido a las autoridades eclesiásticas fue en marzo de 2010, cuando Bergoglio le acercó un documento sobre la situación nacional.
Fuente: Diario LaNación
