Con el dólar pisado, tasas altas y fondos frescos del FMI, el Gobierno volvió a ofrecer el menú preferido de los inversores: ganancias rápidas en pesos, salida en dólares. JP Morgan y los economistas pro mercado marcan la cancha con fecha de vencimiento: agosto.
El Gobierno nacional apostó fuerte por una estrategia financiera que prioriza el rendimiento de corto plazo y deja a la economía real atada a un hilo. El relanzamiento del esquema cambiario, con bandas móviles y un piso sostenido por el Banco Central, reactivó una práctica conocida y peligrosa: el carry trade. Bajo este sistema, los inversores venden dólares, compran activos en pesos con altas tasas y vuelven a dolarizarse cuando consideran que el ciclo rinde su máximo. El negocio funciona mientras el tipo de cambio permanezca bajo control. Ese detalle, justamente, es el que el Ejecutivo intenta garantizar con dólares prestados.
JP Morgan no dudó. En su informe del 15 de abril, el banco de inversión sugirió aprovechar la bicicleta financiera argentina con fecha de vencimiento: agosto. La recomendación apuntó a los bonos Lecap, con vencimiento el 15 de agosto de 2025. “Se espera que los rendimientos de los instrumentos locales a corto plazo se mantengan en niveles atractivos”, explicó el informe. Si el dólar se mantiene en $1.100, el retorno en dólares sería del 28%. A $1.200 bajaría a 17% y, si llega a $1.300, la ganancia se reduciría a 8%.
Para muchos analistas del mercado, la clave del esquema está en la banda superior. Mientras el dólar oficial no la cruce, el diferencial de tasas permite ganancias dolarizadas que superan ampliamente a las colocaciones en divisas. Desde Quantum, la consultora de Daniel Marx, analizaron que el Banco Central se comprometió a intervenir si la cotización se acerca a los extremos. Con ese “seguro”, como lo definió el economista Miguel Kiguel, el negocio resulta difícil de rechazar. “La cosecha gruesa aumentará la oferta de dólares y el carry trade volverá con fuerza, respaldado por el techo de la banda como una especie de seguro”, sostuvo.
La bicicleta se volvió tan visible que hasta Bloomberg consideró que “el perfil de riesgo y retorno del ‘carry trade’ ha mejorado notablemente”. Incluso Lucas Caldi, de PPI, planteó que los retornos podrían superar el 25% en apenas un mes si el tipo de cambio perfora el piso.
Pero el Gobierno no sólo habilitó este mecanismo, también lo fomentó. Abrió el mercado para los no residentes por seis meses. Elevó la tasa de interés en pesos. Y avanzó con una flotación cambiaria administrada entre $1.000 y $1.400. Todo para sostener un tipo de cambio artificial mientras intenta cumplir con la meta más exigente del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional: la acumulación de reservas. Según el Centro de Economía Política Argentina, para alcanzar ese objetivo el BCRA necesita sumar u$s 4.400 millones antes de junio. Para fin de año, el número trepa a u$s 8.900 millones.
En paralelo, la economía real pierde oxígeno. Claudio Lozano advirtió que se viene “un nuevo ajuste fundado en devaluación, aumento de los precios, suba de la tasa de interés, una nueva caída de los salarios, las jubilaciones y el poder adquisitivo de todos aquellos que dependen de ingresos fijos”. Haroldo Montagu sumó que “esta devaluación tampoco impactaría en mayores exportaciones”. Y Osvaldo Giordano recordó que no existe margen para esperar un salto competitivo similar al de diciembre.
La paradoja se profundiza. El Gobierno promete estabilidad mientras aumenta la volatilidad. Apuesta a la bicicleta financiera mientras niega que haya atraso cambiario. Se apoya en dólares que aún no llegaron y en metas que parecen inalcanzables. Mientras tanto, la inflación no cede. Según consultoras privadas, el índice de abril se ubicará entre 3,4% y 4%. Y la presión sobre el consumo se mantiene. El acuerdo con supermercados para evitar remarcaciones confirma el impacto regresivo de la política económica, incluso para un oficialismo que reniega de la intervención.
Con los datos sobre la mesa, el modelo elegido prioriza la rentabilidad financiera en detrimento de la actividad productiva. La bicicleta avanza, pero no lleva al desarrollo. Y sin un anclaje sólido, sólo queda esperar el momento en que se corte la cadena. Agosto, según JP Morgan, podría ser ese límite.
