Con el objetivo de preservar su proyecto político, el gobernador comenzó a tejer una estrategia electoral propia. Aunque evita confrontar de manera directa, sus movimientos reflejan un distanciamiento progresivo de la expresidenta.
En medio de la indefinición electoral del peronismo bonaerense, Axel Kicillof trabaja en silencio para construir una estructura electoral propia. Mientras Cristina Kirchner activa su campaña en la Tercera sección junto a La Cámpora, el gobernador avanza con el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) como un posible «botón rojo» en caso de ruptura.
El kirchnerismo complica a Kicillof en la Legislatura provincial, dilatando el cronograma electoral. Ante el riesgo de quedar atrapado por la lapicera de Cristina y Máximo Kirchner, el mandatario impulsa una alianza alternativa basada en partidos como el Frente Grande de Mario Secco, Unidad Popular de Claudio Lozano y el Partido Solidario de Carlos Heller. Aunque todos integran Unión por la Patria, se diferencian de la conducción camporista y del massismo.
Según su círculo íntimo, Kicillof no busca hoy romper, pero quiere contar con un dispositivo propio para enfrentar una posible exclusión de sus candidatos del armado de listas. Entre los nombres que se mencionan para encabezar ese proyecto aparecen su vice Verónica Magario, el intendente de Avellaneda Jorge Ferraresi y su ministro de Infraestructura, Gabriel Katopodis.
En paralelo, Cristina Kirchner habilitó a La Cámpora a militar su candidatura a diputada provincial por la Tercera sección. El cruce entre Ferraresi y La Cámpora en Avellaneda, que terminó con la policía removiendo carteles de Cristina, reflejó la tensión creciente.
El Instituto Patria apuesta a evitar la fractura, pero el axelismo prepara su propio armado en la Primera sección, donde Katopodis suena como candidato. Si hay unidad, su postulación podría ser de consenso. Si no, Kicillof buscará sumar a intendentes como Ariel Sujarchuk (Escobar) y Julio Zamora (Tigre) para contrarrestar a los nombres que Cristina perfila, como Mariel Fernández (Moreno), Damián Selci (Hurlingham), Gustavo Menéndez (Merlo) y Leonardo Nardini (Malvinas).
El temor central en el peronismo bonaerense es el impacto de una ruptura en el interior de la provincia, donde una división podría dejar sin representación legislativa a Unión por la Patria en varias secciones clave. Por eso, incluso sectores del massismo admiten que, si el espacio se fractura, muchos de sus intendentes migrarían hacia el armado de Kicillof.
Mientras tanto, La Cámpora proyecta a largo plazo: lanzó un operativo clamor para que Cristina Fernández sea candidata a presidenta en 2027. Esa movida refuerza el rechazo camporista a considerar a Kicillof como su heredero político, profundizando la desconfianza mutua.
En este escenario de desconfianza cruzada, Kicillof avanza con su estructura paralela para garantizarse un lugar en la mesa de decisiones, mientras busca evitar un choque frontal que, de todos modos, cada vez parece más inevitable.
