Hoy sentí todo el día muchas ganas de comunicarme con ustedes, pero no tuve tiempo para hacerlo hasta este instante. Lo que está sucediendo en Japón es muy doloroso y grave. No podemos, ni debemos, ser indiferentes y seguir como si nada estuviese ocurriendo.
Hoy sentí todo el día muchas ganas de comunicarme con ustedes, pero no tuve tiempo para hacerlo hasta este instante. Lo que está sucediendo en Japón es muy doloroso y grave. No podemos, ni debemos, ser indiferentes y seguir como si nada estuviese ocurriendo.
Dejemos por un rato de mirarnos el ombligo. Creo que básicamente podemos hacer tres cosas. La primera, quienes creemos, rezar con el corazón por los que ya no viven y para pedir que no suceda lo peor, es decir, la explosión de las centrales nucleares en peligro.
La segunda, reflexionar sobre cómo estamos viviendo y por qué suceden estos hechos. Y la tercera, todos tenemos responsabilidad pública, responsabilidad sobre lo que es de todos, y el planeta es de todos nosotros. Pero quienes elegimos por vocación la administración y gestión pública tenemos una doble responsabilidad que es la de prever más allá de lo inmediato y ayudar a la sociedad a transformarse para evolucionar. Estoy seguro que las consecuencias medioambientales, de salud, económicas y de toda índole que generará lo acontecido en Japón, que no es más que la punta del iceberg de otros hechos relacionados que vienen sucediendo en el mundo, van a provocar profundos cambios en el sistema y en nuestra vida cotidiana.
Esta no es una visión apocalíptica, como algunos la pueden interpretar, ni fatalista ni tremendista, simplemente intento traducir lo que siento y pienso para que reflexionemos juntos. Esta es una crisis del sistema de vida, y como nos enseñaron los mismos orientales, crisis es sinónimo de oportunidad. Depende de nosotros, de todos los habitantes del planeta y fundamentalmente de las clases dirigentes, transformar la oportunidad en efectos positivos o negativos. Quizás debamos dar algunos pasos hacia atrás para poder evolucionar. Quizás debamos prestarle más atención a la naturaleza y menos a la tecnología.
Quizás debamos empezar a sentir más. Algunos luego de leer esto, se preguntarán: “¿Y a César qué le pasa que salió con todo esto hoy, si nosotros estamos muy lejos de Japón?”. A quienes se pregunten algo así, les respondo que de no lograrse controlar la situación de las centrales nucleares en Japón, se podría producir una de las catástrofes más fuertes en la historia de la humanidad.
Además en un mundo globalizado como el actual, todo llega y rápido, lo bueno y lo malo. Japón no es cualquier país, por múltiples razones, culturales, históricas, y principalmente porque hoy es la tercer potencia mundial. Los invito a reflexionar sobre esto, a que rompamos con nuestra individualidad extrema para compartir con los demás, para cooperar en lo público, en lo que es de todos.
Según un economista muy reconocido, existen dos tipos de países y dos excepciones: los desarrollados y los que están en vías de desarrollo, mientras que Japón y Argentina no se pueden englobar en ninguno de los dos. Aprovechemos las nuevas tecnologías bien, Facebook y las demás redes sociales nos tienen que servir para comunicarnos mejor, no para incomunicarnos. Tenemos el privilegio de vivir en un país con todas las potencialidades y posibilidades, seamos agradecidos con este privilegio, podemos producir y trabajar más y mejor, cuidemos nuestro medioambiente, seamos más solidarios, promovamos la justicia social. Esta vez quizás haya expresado algunas cosas “políticamente incorrectas”, pero considero oportuno hacerlo y es mi humilde aporte para reflexionar junto a ustedes. Como siempre, gracias. César.
