Un dólar anclado momentáneamente, y una inflación como un problema persistente y en aumento, deriva en una problemática del después. El riesgo del futuro ante el cambio de una política monetaria o un nuevo plan político económico generan un escenario de dudas.
Por Luciano Passaggio
Estudiantes Cs Económicas de Universidad de San Martín
Un dólar anclado momentáneamente, y una inflación como un problema persistente y en aumento, deriva en una problemática del después, el riesgo del futuro ante el cambio de una política monetaria o un nuevo plan político económico, generan un escenario de dudas.
Tomemos en cuenta la poca apreciación de la moneda peso para el individuo consumidor argentino. Esto se ve reflejado en el consumo disparatado de bienes, en donde ante la gran oferta financiera de las entidades privadas con planes de hasta 48 cuotas sin interés, el consumidor sucumbe y realiza un atajo mental rápido (heurística). Si la inflación es cada vez mayor y no se sabe cómo va a oscilar el valor del dólar, no tendría problemas de endeudarse en pesos sabiendo que este se va a depreciar aún más, y ante de la duda de un escenario menos conveniente en el corto plazo, el consumidor obtiene hoy lo que cree que no va a poder obtener mañana. Aferrándose de esta manera a un bien de necesidad secundaria, como ser un televisor de última generación o una notebook.
Con este tipo de conducta consumidora no es posible pensar en el ahorro. Teniendo en cuenta además que de hacerlo el argentino prefiere todavía comprar dólares ante una posible corrida del mismo luego de las elecciones, ya que el dólar por maniobras de balance se encuentra sostenido por el BCRA ante este escenario de riesgo. Y el peso continúa perdiendo su valor nominal y real.
Además, con los eventuales aumentos salariales, un crédito en pesos en 48 cuotas fijas para el consumo “YA” quizás no sea tan sensible para el bolsillo del consumidor. Por ende, obtenemos como resultado el financiamiento privado del consumo.
Aunque siendo más conscientes sobre la inflación, en lo que respecta a precios de bienes primarios de consumo, como ser alimentos, vemos el impacto de lleno sobre los mismos día a día, suben y en gran escala. Principalmente, el valor de la carne, lácteos, frutas y verduras. Generando de esta manera una gran preocupación general y un malestar en los argentinos sobre muchas cuestiones presentes que no saben cómo serán en un futuro.
¿Continuará la inflación? ¿Cambiará el gobierno la política monetaria o fiscal? ¿El modelo político será el mismo? ¿Hasta donde llegará la bola de nieve inflacionaria? ¿Habrá hiperinflación? ¿Cuál será el valor del dólar? ¿Aumentará el empobrecimiento del salario real?
Llega un momento en donde los ciclos económicos se cierran y se vuelven decrecientes y el planteo es un nuevo punto de inflexión en la economía que genere tranquilidad político-social. Este es el momento en donde nuestros gobernantes deben buscar la solución a este tipo de interrogantes con políticas y estrategias de inversión a largo plazo para generar confianza, fortalecer en el futuro el valor del peso, incentivar el ahorro interno y de esta manera detener un poco la inflación.
Pero nunca se sabe, en este país siempre reina la incertidumbre del largo plazo, justamente por las políticas cortoplacistas. No se racionaliza más allá de un lustro. Es la hora de cambiar el rumbo y demostrar que la argentina cuenta con recursos para revertir la situación.
