Editorial en “Román Express” por la 104.7 del 27 de septiembre. Jorge Julio López sigue desaparecido. ¿Por qué el testigo nos incumbe a todos como sociedad?, Solá parece desconcertado. La coyuntura política. Escuche el editorial clickeando PLAY.
Por Eduardo Román
Existen distintas formas de abordar lo que está ocurriendo con la desaparición de López: hacer foco en lo que pasa desde el gobierno nacional y desde el provincial, hurgar en lo que nos pasa a nosotros como argentinos y a la ciudadanía en general, que por ahora no termina de entender la importancia y el grado de preocupación que deberíamos tener con lo que está ocurriendo. Porque la memoria no es solo declamativa, sino frente a cada una de estas situaciones que hoy en día se muestran como nuevas, el pasado reaparece de una manera muy fuerte.
Y hay que tomar conciencia, porque la desaparición de López no puede tomarse como un caso aislado. Si esto se confirma que fue hecho por los sectores vinculados a lo peor de la época argentina de los 70, tiene que ver con intimidar a futuros testigos para las causas que se vienen. No desaparecería sólo López entonces, sino que existe la intención de que también desaparezca el coraje de un grupo de nuestra sociedad dispuesto a emerger desde su memoria los tormentos sufridos de jóvenes, para sentar jurisprudencia, declarar en las causas contra los represores y allanar el camino hacia el futuro.
Hay un desconcierto entre Kirchner, Solá, la Policía Bonaerense, el Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires y el Ministerio del Interior. Hubo una frase, para algunos desafortunada, del gobernador que dijo que era el primer desaparecido en democracia. No solo eso no es cierto, ya que todavía no apareció el cuerpo del estudiante Bru, secuestrado en La Plata; sino que también molestó a Kirchner, que llamó al gobernador Solá para pedirle que utilice otra terminología porque ese concepto, “desaparecido”, era demasiado fuerte. Pero eso es lo que pasa con López, más allá de que no tenga que ver con una represión del Estado. Si no aparece, es un desaparecido.
No se entiende lo del Frente para la Victoria, que no se sumó a la calle para reclamar por la aparición con vida de López. Si a cualquier manifestación se la toma como opositora, estamos en problemas. Hay un reclamo a Kirchner y a Solá por la aparición y para que cuiden a la sociedad, pero fundamentalmente es una marcha en repudio a la posibilidad de que esta metodología pueda reaparecer.
Felipe Solá tiene la mayor responsabilidad en esto, por ser quien maneja la Policía de la Provincia de Buenos Aires, si entendemos que esto vino desde ese sector como el mismo gobernador admitió. La línea argumental es comprensible: Etchecolatz, mano derecha de Camps en la bonaerense, policías retirados, mano de obra desocupada y cantidad de policías dando vuelta que no le tienen simpatía a Solá; que intentaba dar pelea jurídica por su rereelección.
Algunos buitres están intentando comparar esto con el caso Cabezas de Duhalde y tirarle este muerto a Solá, y hacer la lectura de que el gobernador no podrá llegar a la verdad y aparición de López. Esto puede ser una porción pequeña de la verdad. Tampoco caerle a Arslanián, cuando él ha sido el que más hizo por cambiar y purgar la bonaerense. Sería injusto. Habría que esperar que las cosas se aquieten un poco.
Le pedimos al presidente que no se marginara y que hablara del tema, que no haga lo mismo que con Ibarra y Cromañon, llamándose al silencio, corriéndose de las muertes y la desaparición y dejándolo al gobernador a su suerte. Por suerte Kirchner habló en Misiones, y esto lo pone más cerca de Felipe Solá y de la gente.
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