El objetivo de estas líneas es desgranar y así comprender el tan famoso “viento de cola” de la economía mundial que empuja nuestro desarrollo económico, y que a palabras de algunos de los dirigentes de la oposición, economistas ortodoxos (por no decir neoliberales) y determinados periodistas actúa como un talismán de la suerte que puede darle el oxígeno suficiente a un gobierno, que a palabras de ellos, “acumula inconsistencias fiscales, monetarias y financieras” y otras calamidades más que ellos ven.
El famoso “viento de cola” es un combo de precios de commoditties altos y un constante incremento de la demanda mundial de alimentos y materias primas. Lo que algunos piensan como algo pasajero, para otros puede ser todo lo contrario: una brisa persistente y abundante que vino a instalarse por varias décadas. Para llegar a esta afirmación climatológica, con orientación hacia lo económico y social, es bueno repasar algunos datos que surgen del análisis de varios especialistas y profesionales que observan la marcha de la economía mundial.
Un viento sostenido
Durante su última visita en mayo último a Buenos Aires, el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Luis Alberto Moreno, presentó el libro “La década de América latina y el Caribe”. Al comentar la edición, el funcionario señaló que “el 75% de la población de la región podría alcanzar niveles de clase media” a partir de un crecimiento económico anual del 4,8% hasta el 2025. Moreno precisó, además, que de concretarse este crecimiento, la región podría “duplicar el PBI en 14 años y la pobreza disminuiría del 32% a poco menos del 10% de la población”.
Moreno fundamentó que el crecimiento de la región se debe, entre otros motivos, a factores externos como los mayores precios de las materias primas y los flujos de capital extranjero, y agregó que los flujos del comercio global con estas características van “durar décadas”. Y dio otros datos a tener en cuenta: “el comercio interregional en las últimas dos décadas se multiplicó por diez y las transacciones con Asia duplicaron su proporción”.
Este “viento de cola” que se palpa bien en palabras del presidente del BID, coincide con las consideraciones del ex primer ministro británico Gordon Brown, publicadas el 30 de abril pasado, en el suplemento Económico de Clarín, cuando explicó que “en los próximo 10 a 15 años (…) habrá al menos 2000 millones de personas que se incorporen a las huestes de la clase media mundial, triplicando sus cifras actuales”. Para el político inglés, la mayor cantidad de esos consumidores estarán en Asia, un continente que será un mercado más grande que el propio Estados Unidos .
Esta movilización de los flujos comerciales, sumado a la industrialización de los países en desarrollo y el aumento de los precios de los comodities generó una expansión económica que hoy está siendo apropiada y aprovechada por todos los países emergentes. El iceberg de este fenómeno son los países denominados BRICS “que se refiere a las potencias emergentes: Brasil, Rusia, India, China (y Sudáfrica en la puerta de entrada) que pueden tener un peso importante en las relaciones económicas internacionales”, explicó Dante Caputo en su habitual columna dominical del diario Perfil. “en las próximas tres décadas –agregó el ex canciller radical-, el crecimiento de estos países probablemente llegue a que la suma de sus productos internos sea mayor que la del G8, y dentro de quince años tendrán un PBI que será la mitad del G9. En treinta o cuarenta años China tendrá el producto per cápita que poseen hoy los Estados Unidos”.
El viento y la economía nacional
El ex canciller Jorge Taiana admitió sabiamente que hay un “viento de cola” que ayuda a nuestro país, pero también hay una dirección que aprovecha y conduce ese fenómeno para que la economía nacional pueda desarrollarse. Imaginemos este “viento de cola” bajo el paraguas del neoliberalismo: la desigualdad sería terrible y todavía seguiríamos argumentando que aquellos que no tienen trabajo es simplemente porque no saben armar un curriculum y no porque no haya un mercado de consumidores, bancos que presten, un Estado presente ni fábricas que produzcan.
La heterodoxia que hoy se plasma en los lineamientos económicos, tienen un efecto positivo en la economía real. Por ejemplo, si tenemos en cuenta que los mayores precios de los cereales se da por ese “viento de cola”, el Gobierno supo mantener y profundizar las retenciones, una medida fiscal que fortalece las arcas públicas y permite vislumbrar una política de redistribución de la riqueza (a través de obras de infraestructura, políticas sociales, investigación científica, entre otras cosas) que genera el providencial suelo argentino, con el aporte tecnológico correspondiente.
Si pensamos que el mundo tendrá 2000 millones de personas de clase media en los próximos quince años, debemos pensar todo lo que Argentina puede proveer. En ese sentido, la capacidad de respuesta que presenta nuestras fuerzas productivas es alentadora. La ministra de Industria de la Nación, Débora Giorgi, afirmó recientemente que “hoy tenemos el doble de la industria que teníamos en 2003, un crecimiento acumulado de casi el 90 %, un empleo industrial que creció al 70%, duplicamos el valor agregado por trabajador de 14.200 dólares a más de 32 mil, es decir que fue un crecimiento del empleo y de la productividad del trabajo”.
A este diagnósticos se le pueden agregar otros datos interesantes que aportan una mejor comprensión. En 2003, las pymes exportaban alrededor de 3000 millones de dólares, hoy ya alcanzaron los 7000 mil millones.
Sin dudas que nuestra economía presenta un cóctel entre “el viento de cola”, que provoca una mejora en nuestros niveles de intercambio comercial, con una propuesta pro mercado interno que generó “el 60% del crecimiento del 70% que tuvo el PBI desde 2003 a la fecha”.
Entonces utilizar como descalificación de que sólo se vive del “viento de cola” y que puede ser algo temporal, es apenas una expresión de deseo de algunos sectores concentrados, que ven resignados como la economía se muestra vigorosa e inclusiva sin la implementación de las recetas ortodoxas (digamos del ajuste perpetuo).
Si se coincide que el “viento de cola” es un fenómeno económico mucho más profundo y sustentable en el tiempo y que hoy es aprovechado por los países emergentes, podemos entender las afirmaciones del presidente de Fiat y del Grupo Chrysler, Sergio Marchionne, reproducidas por el diario Clarín el 31 de mayo, cuando dijo, respecto a las ventas de la empresa, que “Latinoamérica ha sido la salvación de Fiat, desde hace más de un año”.
El autor es periodista y editor de las revistas de energía: EXPANSION y AIRGAS Noticias
