La Libertad Avanza afrontó una semana decisiva en la Cámara alta. El oficialismo debió elegir entre sancionar el Presupuesto 2026 y la ley de Inocencia Fiscal tal como llegaron de Diputados o forzar retoques que pusieron en riesgo los acuerdos políticos.
El cierre de las sesiones extraordinarias colocó al Senado frente a un dilema político de alto impacto. El oficialismo quedó obligado a optar entre aprobar dos leyes clave sin modificaciones o empujar cambios que tensaron la relación con el sector dialoguista. La discusión se concentró en el Presupuesto 2026 y en la iniciativa de Inocencia Fiscal, dos proyectos que llegaron desde Diputados con fuertes cuestionamientos por la forma en que se trataron.
En la Cámara alta se impuso una lectura pragmática. Varios senadores aliados rechazaron quedar asociados a una estrategia que identificaron con decisiones externas al Senado. En ese marco, el Gobierno interpretó el acompañamiento como un aval automático, sin reconocer compromisos previos con los bloques que facilitaron el avance legislativo.
Ese escenario dejó en el centro de la escena a un grupo reducido de legisladores, poco visibles pero decisivos. El éxito o el fracaso del oficialismo dependió de esos votos, que quedaron atrapados entre la presión del Ejecutivo y el costo político de una ruptura.
Durante la tarde previa a la definición, la Casa Rosada buscó ordenar el frente interno. Hubo un intercambio virtual encabezado por Patricia Bullrich con referentes del entendimiento entre libertarios y dialoguistas, que reunió a 44 senadores. La respuesta fue clara. Si el oficialismo insistía en modificar el Presupuesto, el texto podía regresar a Diputados en peores condiciones para el propio Gobierno.
Además, la oposición dispuesta a acompañar dejó abierta otra advertencia. En la sesión prevista, pidió tratar en particular la ley de Inocencia Fiscal, con foco en el régimen de multas y en los llamados “dólares del colchón”. Esa maniobra podía forzar una segunda revisión en la Cámara baja. Un senador con peso político resumió el clima con una frase contundente: “El clima es bueno, pero no podemos resolver nosotros la mala praxis de los diputados libertarios”.
Las objeciones también surgieron en comisión. Al dictaminar Inocencia Fiscal, el radical Maximiliano Abad y la macrista Andrea Cristina marcaron reparos sobre el alcance de las sanciones a pequeños contribuyentes. Ante esa situación, Bullrich intervino de forma directa y dejó una promesa para más adelante. “Nos comprometemos a analizar un capítulo especial, una ley corta que pueda subsanar este problema”, afirmó, y aclaró que el debate quedaría para el período ordinario.
Más allá de esa sesión, el Senado no mostró mayor actividad institucional. La agenda política se redujo al debate legislativo y a una posible aparición de la vicepresidenta Victoria Villarruel en un acto religioso en la Cámara alta.
Así, el oficialismo llegó al final de las extraordinarias con una definición pendiente. Aprobar sin tocar o reabrir el conflicto. La decisión marcó no solo el destino de dos leyes, sino también el vínculo con un bloque de aliados que volvió a resultar indispensable.
