Empresarios y referentes de la industria rechazaron las declaraciones del ministro de Economía sobre los precios del rubro. Apuntaron a la carga impositiva, las tasas y la caída del consumo. Advirtieron por el impacto en el empleo y cuestionaron el rumbo oficial.
Las declaraciones de Luis Caputo sobre el precio de la ropa encendieron un fuerte conflicto con la industria textil. El ministro puso el foco en los valores de venta y volvió a cuestionar al sector por años de protección estatal. Sus palabras generaron una reacción inmediata de empresarios, que marcaron distancia y señalaron problemas estructurales que exceden al rubro.
Caputo sostuvo que “yo no compré nunca en mi vida ropa en la Argentina porque era un robo” y afirmó que “hubo 47 millones de argentinos que debieron pagar textiles y calzado dos, tres, cuatro o hasta diez veces más de lo que valen en el mundo”. En esa línea, calificó al proteccionismo como “una medida zonza y que perjudica a los que menos tienen”. El planteo fue leído como una descalificación directa a la actividad.
La respuesta más dura llegó desde la Cámara Argentina de la Indumentaria. Su presidente, Claudio Drescher, expresó malestar por el tono del ministro y dijo sentirse “desilusionado y con tristeza” por escuchar a un funcionario “con tanto sarcasmo”. También ironizó sobre los hábitos de consumo del titular de Economía y lanzó una comparación que se repitió en varias entrevistas: “No compra ropa y tampoco compra autos, porque en la Argentina valen el doble”.
Drescher amplió la crítica y sostuvo que el problema de precios no se explica por la producción local. Apuntó a una estructura de costos atravesada por impuestos y financiamiento. Remarcó una “carga impositiva fenomenal, que representa la mitad del precio de un producto que se vende al público”, y definió a las tasas como “las más altas del mundo”. Para el dirigente, ese esquema dejó a la industria sin margen.
El empresario también cuestionó las comparaciones oficiales con países asiáticos. Fue tajante al señalar que “quieren comparar a Bangladesh con la Argentina y olvidarse que en dos años no han logrado desarmar ni un solo impuesto”. En ese marco, cargó contra la gestión económica y afirmó: “Se han convertido en parte de la casta, porque no resuelven los temas, los eluden y buscan siempre el camino corto para no resolver las cuestiones de fondo”.
Desde el diseño independiente, el malestar tomó un tono aún más crudo. Benito Fernández describió el impacto directo de la crisis sobre la actividad y relató: “Yo tuve que cerrar y echar a toda la gente que trabajaba conmigo hace muchos años”. También alertó sobre el parate productivo y aseguró que “7 de cada 10 máquinas están paradas en Argentina hoy”.
La polémica se amplió con declaraciones oficiales a favor de las importaciones. El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, afirmó que “con la importación de un jean no se pierden puestos de trabajo”. Esa frase sumó rechazos y reavivó el debate sobre empleo industrial. La economista Julia Strada respondió en redes sociales y sostuvo: “Sí, claro que se pierden puestos de trabajo porque traer productos que se fabrican acá genera crisis y cierre de empresas argentinas”.
El cruce dejó expuesta una tensión creciente entre el Gobierno y la industria textil. El sector advirtió que el ajuste, la presión fiscal y la apertura importadora profundizaron la caída del consumo y pusieron en riesgo miles de empleos, mientras desde Economía insistieron con un diagnóstico centrado en los precios. La disputa quedó abierta y promete nuevos capítulos.
