La definición de anarco-capitalismo frente a los representantes de las multinacionales y la claridad para exponer el rotundo concepto de que sin consumidores no existe el capitalismo marcaron un antes y un después de toda la cumbre.
Por Edgardo Depetri, Diputado nacional (FPV), para Tiempo Argentino
Desde 2003, los mejores exponentes del neoliberalismo vienen repitiendo que las políticas impulsadas por Néstor Kirchner y luego por Cristina nos llevaban, inexorablemente, a aislarnos del mundo; agitando todos estos fantasmas cada vez que el gobierno argentino –en una decisión soberana– fortalecía su relación con los países de la región, en detrimento de las directivas demandas desde los Estados Unidos, Europa y los organismos financieros.
La Cumbre del G-20, recientemente, finalizada en Francia terminó por exponer esta y otras mentiras. La secuencia de reuniones mantenidas por la presidenta de la Nación marca con claridad una agenda de trabajo que no admitió fisuras. Primero, la entrevista con los dirigentes sindicales; luego, los directivos de los grupos económicos más poderosos del mundo; más tarde, el pleno del G-20, y por último, la reunión con Barack Obama.
La definición de anarco capitalismo frente a los representantes de las multinacionales y la claridad para exponer el rotundo concepto de que sin consumidores no existe el capitalismo marcaron un antes y un después de toda la cumbre; y esto, en el marco de una repetida propuesta de modificación de los organismos multilaterales de crédito y una advertencia de que las recetas que se quieren aplicar en algunos países ya han demostrado su fracaso en otros, como por ejemplo, en la Argentina.
Cristina debate en el centro de la escena política internacional y es un elemento insustituible a la hora de plantear otra perspectiva en las relaciones internacionales. Este dato no es fruto de la casualidad o de acciones de márketing, aprovechando las desventuras de una crisis financiera, social y política que afecta a gran parte de ese mundo que se decía “desarrollado”, es un salto cualitativo en una estrategia que reconoce hitos y hechos fundacionales.
Basta recordar los análisis que se hicieron cuando en 2009, ante la asunción del presidente estadounidense, fuimos parte de la delegación presidencial que, en ese momento, se encontraba en Cuba, esgrimiéndose todo tipo de comentarios sobre el retroceso y aislamiento que esa actitud implicaba. Curiosamente, dos años y medio después, es el propio Barack Obama quien pide una entrevista con Cristina.
Dos decisiones de Néstor Kirchner signaron la política exterior de nuestro país: el “No al ALCA” en Mar del Plata en 2005 y la cancelación de la deuda con el Fondo Monetario Internacional. De esta última, es valioso rescatar que al conjunto de la sociedad le quedó la convicción de que “se podía” enfrentar a aquellos que nos apretaban con sus recetas que terminaron por llevar a la pobreza al 50% de los argentinos. De la primera, surgió una nueva institucionalidad que es la Unasur, que diseñó una manera propia de construir el proceso de integración regional.
Reconocer la intervención en el conflicto colombiano-venezolano, los esfuerzos para frenar los intentos cesionistas en Bolivia y la investigación de la Masacre de Pando, la firmeza para desarticular el intento de golpe de estado en Ecuador y la tenacidad para restituir la democracia en Honduras. A esas acciones, que lo tuvieron a Néstor como primer mandatario de la Nación y luego como secretario general de la Unasur hay que agregarle, indudablemente, el peso de numerosas decisiones que llevan la impronta de Cristina.
El Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa, la incorporación en la agenda del nuevo enclave regional de temas referidos a la lucha contra la pobreza, la educación, y la tecnología, son elementos referenciales para vertebrar otro concepto de integración regional.
Cristina es una de las principales impulsoras de estas tareas que –en los hechos– significan respetar la soberanía de los pueblos, el fortalecimiento del sistema democrático y el respeto a los Derechos Humanos.
La reafirmación del MERCOSUR con un perfil más social, limando las asimetrías, implica también ir desmantelando esa concepción neoliberal y sólo funcional a determinados intereses económicos y corporativos con el que fue creado.
Es necesario recordar, asimismo, la incorporación de Cuba al Grupo de Río y la realizaciónel próximo 2 y 3 de diciembre de la reunión constitutiva de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), donde representantes de 33 países generarán una nueva institucionalidad sin la participación de los Estados Unidos y Canadá.
Cristina precisó la necesidad de la presencia de Venezuela en el Mercosur y, fundamentalmente, la convicción de sostener una matriz productiva basada en materias primas con valor agregado, industria y energía, haciendo clara referencia al rol de Brasil y Venezuela en ese diseño.
Este liderazgo sudamericano de nuestra presidenta es una de las claves que explican la sustentabilidad política de la región y fundamentalmente el apoyo de gobiernos que, en otros momentos, por distintas diferencias, eran renuentes a acordar acciones de conjunto con el resto de los países.
Este rol quedó claramente expuesto en la entrevista que una delegación de dirigentes sociales y políticos tuvimos con Lula en Brasilia en junio pasado, donde el ex presidente brasileño resaltó la importancia de Cristina, no sólo para este presente, sino para consolidar un futuro de mayor integración y equidad en Sudamérica.
Esta actitud de Cristina Kirchner también reconoce aspectos sobre los cuales hoy se debate en cualquier coloquio internacional. El primero es la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y el otro, la Asignación Universal por Hijo.
La Relatoría de Libertad de Expresión de las Naciones Unidas ha puesto como ejemplo a nuestra ley que intrínsicamente establece a la comunicación como un derecho, en el centro de la escena mundial. El rescate de la pobreza y la indigencia a miles de argentinos y el aumento de los índices de escolaridad de chicas y chicos argentinos que estaban condenados a la marginalidad social son elementos insustituibles en los foros internacionales sobre infancia y adolescencia. Por lo tanto, la cuestión de la integración latinoamericana forma parte de la profundización del modelo.
La dimensión de este proceso de gestión y articulación política todavía, para muchos, pasa inadvertido, pero es tarea del conjunto de las organizaciones sociales y políticas dar un debate profundo sobre esto, comparando siempre el país que nos dejaron en 2001-2002, y la Nación y la región que estamos fortaleciendo ahora bajo la conducción de Cristina Fernández de Kirchner.
