La conducción amarilla admite su declive frente al avance libertario y se reacomoda entre disputas internas, temores para 2027 y el incipiente plan presidencial de María Eugenia Vidal.
La crisis dentro del PRO comenzó a sentirse con una frase que recorrió los pasillos partidarios. «El problema no es la identidad del partido, es electoral. El PRO tiene previsibilidad y coherencia, pero el problema es que Milei tiene a nuestro electorado», lanzó Mauricio Macri ante la dirigencia, dejando expuesto un diagnóstico pesimista.
La Libertad Avanza se adueñó de la Casa Rosada y, pese a las diferencias, los amarillos terminaron alineándose detrás del presidente. En la conducción admiten que la estrategia inmediata es sobrevivir, asegurar distritos propios y dejar atrás cualquier ilusión de disputar una presidencia en el corto plazo.
La comparación que algunos dirigentes repiten es que el PRO está transitando un camino similar al de la UCR. Tras el triunfo libertario, Macri entendió que perdió capacidad de competencia nacional y que el escenario obliga a replegarse, proteger la Ciudad de Buenos Aires y esperar llegar a 2027 sin más daños internos.
Dentro de ese repliegue, el bastión porteño se volvió la pieza clave que el partido no está dispuesto a dejar de lado. El entendimiento entre Macri y el Gobierno nacional contempla una PASO entre el PRO y LLA para definir el candidato a jefe de Gobierno en 2027. Entre los propios sospechan que el elegido libertario será Manuel Adorni, no Patricia Bullrich. «Ellos son un proyecto hegemónico de sumisión, ¿por qué, en condiciones ideales, la pondrían a ella, con su prontuario?», cuestiona un dirigente amarillo al tanto de las tratativas. Por eso, el oficialismo porteño apuesta a fortalecer a Jorge Macri, pese a que arrastra una mala elección local y casi nulos apoyos internos.

Mientras tanto, el PRO intenta sostener los territorios que todavía gobierna. Macri reconoce que ya no tiene ascendencia sobre Rogelio Frigerio ni Ignacio Torres, quienes negocian sus propios acuerdos con la Casa Rosada con miras a 2027, del mismo modo que varios intendentes reclaman autonomía para pactar con los libertarios. La idea de un candidato presidencial para dentro de dos años, por ahora, es un espejismo. Aunque el propio Macri había descartado esa posibilidad en público, desde su entorno matizan: algunos dirigentes recuerdan que hace apenas semanas gobernadores e intendentes buscaban su respaldo, y ahora lo cuestionan. La orden interna, por estas horas, es priorizar lo territorial y no adelantarse.
El debilitamiento parlamentario del PRO fue otro golpe. La fuga de ocho diputados alineados con Patricia Bullrich –influenciados por Damián Arabia-, dejó al bloque con apenas 15 legisladores propios. Para contrarrestar la imagen de fractura, Macri y Cristian Ritondo impulsaron un bloque «independiente«, con la intención de recuperar a figuras alejadas como Álvaro González. Sin embargo, en privado los propios parlamentarios admiten que no habrá margen para enfrentar al Gobierno, incluso cuando rechazaron el ofrecimiento del interbloque oficialista impulsado por Martín Menem.
En este contexto, la continuidad de Silvia Lospennato en Diputados se volvió crucial: si pasa a la Legislatura porteña, su reemplazo sería Lorena Petrovich, una referente bullrichista. Arabia ya amenaza con escracharla en el recinto si acepta mantener su banca.
María Eugenia Vidal empuja un proyecto que la enfrenta con buena parte del PRO. Con aspiraciones para presidir el partido en junio, la exgobernadora busca diferenciarse de LLA y evitar una fusión que, según advierte, podría diluir la identidad amarilla. Después de las elecciones, fue una de las voces más críticas dentro de la fuerza: habló de «construir alternativas», rechazó un interbloque con Milei y aseguró que el desembarco de Diego Santilli en el Ministerio del Interior fue «a título personal».
Aunque sus dichos molestan a muchos dirigentes, es una de las pocas que se mueve pensando en 2027. «La venganza del PRO la está escribiendo ella», afirma un referente bonaerense, que aun así cuestiona sus últimos movimientos.
