El mercado financiero se inclinó por descontar el final de las bandas cambiarias una vez superadas las elecciones legislativas. La escasez de divisas, la presión sobre los dólares financieros y el repunte del oficial alimentaron la expectativa de un cambio de régimen.
El mercado financiero se inclinó por descontar el final de las bandas cambiarias una vez superadas las elecciones legislativas. La escasez de divisas, la presión sobre los dólares financieros y el repunte del oficial alimentaron la expectativa de un cambio de régimen.
El arranque de octubre expuso la fragilidad del esquema cambiario. Los dólares financieros superaron con comodidad los $1.500 y el contado con liquidación alcanzó los $1.564, un salto de 2,8% por la fuerte demanda de empresas. El “blue” se mantuvo en $1.475, mientras que el oficial trepó de $1.400 a $1.450 en pocos días. La explicación estuvo en la mayor búsqueda de cobertura tras el cobro de sueldos y en la merma de oferta después del fin del incentivo al campo con retenciones cero.
El mercado interpretó que la suba de la brecha anticipa el final de las bandas. La expectativa de un desarme post electoral tomó fuerza en las últimas jornadas, aunque el Gobierno insiste en que puede sostener la estrategia hasta los comicios. En ese escenario, un resultado legislativo favorable o al menos parejo al oficialismo funcionaría como señal de estabilidad para los inversores. Mientras tanto, las reservas del Banco Central subieron hasta USD 42.231 millones, lo que otorgó algo de oxígeno.
Los analistas sostuvieron que la situación no cambiaría aun con un escenario político más favorable al oficialismo. Las dudas se concentran en la sostenibilidad del esquema y en la falta de divisas para respaldar la intervención. Además, la posibilidad de un apoyo financiero desde Estados Unidos no alcanzaría para sostener un tipo de cambio que el mercado considera artificial.
El balance del régimen para el campo mostró cifras inferiores a las previstas. De los USD 6.200 millones liquidados, el Tesoro solo pudo quedarse con USD 2.200 millones, debido a la demanda privada y a pagos de deuda que erosionaron las reservas. Tras ese movimiento, las arcas del Banco Central volvieron a caer a la zona de USD 41.000 millones.
Un informe de LCG describió que “la decisión de dolarizar después de liquidar por parte de los exportadores (afectados desde siempre por la restricción cruzada) revivió inicialmente la brecha entre los dólares financieros y el oficial; la restitución de la restricción cruzada para las personas humanas dio un empujón adicional después”. Como consecuencia, la diferencia entre el MEP y el oficial cerró en 9% y contra el CCL en 13%.
El aumento del dólar oficial recortó la brecha, pero el mercado consideró que la calma sería transitoria. La presión sobre el tipo de cambio se combinó con la caída de acciones y bonos argentinos en Wall Street, que perforaron pisos anuales. Los títulos en dólares también retrocedieron y el riesgo país se ubicó por encima de los 1.200 puntos básicos.
Los inversores que no se volcaron directamente a la compra de divisas buscaron cobertura a través de contratos de futuros y bonos dólar linked. El interés abierto en el segmento corto creció en casi USD 2.000 millones en pocos días y ya roza los USD 10.000 millones, con el Banco Central expuesto a una posición vendedora de unos USD 8.100 millones. Este frente también refleja que el mercado se prepara para un escenario de cambios abruptos después de octubre.
La secuencia de los últimos días consolidó una percepción compartida por los operadores: el actual esquema de bandas tiene fecha de vencimiento inmediata y la discusión central es cómo y cuándo se producirá el ajuste.
