La designación de Carolina Moisés como vicepresidenta primera de la Cámara alta terminó con una tradición vigente desde 1983. El oficialismo consolidó una mayoría propia y avanzó sobre un lugar que históricamente ocupó la principal oposición.
La elección de autoridades del Senado dejó un cambio político de fondo. El oficialismo desplazó al peronismo de la vicepresidencia de la Cámara alta y quebró una práctica que se sostuvo desde el retorno democrático, según la cual ese cargo correspondía al principal bloque opositor. La designación de la jujeña Carolina Moisés implicó algo más que una disputa administrativa: reflejó un avance del Gobierno sobre la estructura institucional del Senado y una ampliación de su poder legislativo.
El lugar que ocupó Moisés había pertenecido hasta el año pasado a Silvia Sapag y el peronismo buscaba retenerlo. Sin embargo, la jefa del bloque libertario, Patricia Bullrich, promovió el nombre de la senadora jujeña tras sellar un acuerdo con sectores del peronismo provincial alineados con gobernadores cercanos a la Casa Rosada.
El resultado confirmó la nueva correlación de fuerzas. Moisés reunió 45 votos a favor, mientras el kirchnerismo quedó aislado en el rechazo. La votación reflejó la consolidación de un bloque de aliados que el oficialismo logró articular en los últimos meses.
Bullrich defendió la maniobra ante el resto de los senadores. “La designación de Moisés fue un ofrecimiento a los gobernadores para consolidar la mayoría de 47 senadores”, explicó. También sostuvo que “Tomamos esta decisión porque forma parte de nuestra estrategia general”.
El oficialismo avanzó sobre el cargo a pesar de las objeciones del bloque peronista. El jefe de esa bancada, José Mayans, cuestionó el procedimiento y afirmó: “Es una falta de respeto total, hace una propuesta que está amparada por la soberbia del momento”.
Antes de la sesión preparatoria, el clima ya mostraba tensión. Mayans increpó a Bullrich y le dijo: “Vos no aprendiste de Perón, vos que fuiste peronista. Todo en su medida y armoniosamente. Pero como dijo Milei: vos que tenés una formación violenta, haces todo violentamente”.
Bullrich respondió con una definición política que anticipó el resultado: “Es una decisión estratégica”.
El hecho marcó la primera vez desde 1983 que el peronismo quedó sin autoridades en el Senado, pese a conservar la primera minoría con 25 integrantes. La vicepresidencia primera pasó a manos de una senadora que acababa de romper con el interbloque opositor y que ahora integra un espacio cercano al oficialismo.
La designación no fue un episodio aislado. La ruptura del bloque peronista respondió a acuerdos entre el Gobierno y gobernadores que aportaron respaldo a iniciativas clave como la reforma laboral. Ese esquema permitió sumar senadores dispuestos a garantizar quórum y acompañar votaciones.
El Gobierno logró así construir una mayoría estable que amplió su capacidad de maniobra parlamentaria, tanto para aprobar leyes como para influir en decisiones institucionales de mayor peso.
El cambio también tuvo impacto simbólico. Durante cuatro décadas, el Senado mantuvo la lógica de reparto de cargos entre oficialismo y oposición. La decisión del oficialismo alteró ese equilibrio y mostró un esquema de poder más concentrado en torno a la Casa Rosada.
La nueva mayoría dejó al peronismo en una posición defensiva. El bloque conservó el número más alto de senadores, pero perdió influencia institucional y capacidad de negociación.
La pérdida de la vicepresidencia del Senado expresó un proceso más amplio: el oficialismo avanzó sobre espacios que antes funcionaban como garantías para la oposición y reforzó su control político sobre el Congreso.
