Tras el revés por la ley de propiedad privada, el Gobierno busca reordenar su agenda legislativa y recomponer el vínculo con los gobernadores. Este miércoles, la cumbre del Norte Grande en Posadas será una nueva prueba para La Libertad Avanza, con Diego Santilli en la mesa y la presencia de Osvaldo Jaldo todavía en duda
La derrota sufrida en el Senado con el proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada obligó al oficialismo a volver sobre uno de sus debates más sensibles: cómo ordenar la agenda del Congreso y qué tipo de relación construir con los gobernadores y los bloques dialoguistas. Con ese telón de fondo, este martes volverá a reunirse la mesa política de La Libertad Avanza, un encuentro que ya forma parte de la rutina semanal, pero que esta vez llega atravesado por las consecuencias del desgaste que dejó la última sesión.
La reunión estará encabezada por Karina Milei y, como ocurre habitualmente, contará con la participación de Santiago Caputo, aunque su circuito político siga teniendo una dinámica propia. También forman parte del espacio Diego Santilli, Martín Menem, Eduardo “Lule” Menem, Patricia Bullrich y Luis Caputo. En esta oportunidad se sumará Federico Sturzenegger, convertido en una de las figuras más observadas dentro del oficialismo después de los últimos tropiezos legislativos.
Más que un encuentro para definir prioridades, la convocatoria refleja la necesidad de corregir el rumbo. “filtrar” será, otra vez, la tarea asignada a ese ámbito, encargado de decidir qué reformas avanzarán y cuáles quedarán relegadas.
El foco sobre Sturzenegger
Las tensiones internas no son nuevas dentro del oficialismo. En otros momentos, la mesa política sirvió para exhibir respaldo a dirigentes cuestionados, como ocurrió durante meses con Manuel Adorni, o para mostrar una imagen de armonía entre Karina Milei y Patricia Bullrich, o entre la secretaria general y el principal asesor presidencial.
Esta vez, sin embargo, el escenario es distinto. Sturzenegger, que hasta ahora había permanecido relativamente al margen de esas disputas, quedó bajo fuego desde distintos sectores del Gobierno por dos episodios consecutivos: el decreto sobre el practicaje, que mantuvo paralizados los puertos durante cuatro días antes de que el Ejecutivo retrocediera, y el recorrido accidentado del proyecto de propiedad privada, que llegó al recinto tras perder varios de sus capítulos más controvertidos.
Durante el fin de semana crecieron los cuestionamientos internos hacia el ministro de Desregulación, aunque siempre por la vía de trascendidos. En ese contexto, la confirmación de su presencia en la reunión de este martes adquirió otro significado: además de exponer sus prioridades en materia de reformas, su participación deja claro que las decisiones legislativas seguirán concentrándose en la mesa política.
El respaldo de Milei
En medio de las críticas internas, Javier Milei envió una señal de respaldo hacia Sturzenegger. Lo hizo a través de una publicación en X para destacar una medida vinculada con la desregulación aerocomercial.
El gesto fue interpretado como un intento de evitar que el desgaste del ministro termine proyectándose sobre la principal bandera reformista del Gobierno. En la Casa Rosada entienden que exponer un abandono de Sturzenegger también podría leerse como un retroceso respecto de la promesa de avanzar con una ola de transformaciones estructurales.
Una agenda que cambió de prioridades
El proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada avanzó finalmente hacia Diputados, pero lo hizo muy distinto al diseño original. En el camino quedaron los capítulos vinculados con barrios populares, la reforma de la Ley de Tierras y los cambios en la Ley de Manejo del Fuego.
Con ese escenario, el Ejecutivo reordenó sus prioridades parlamentarias. En Diputados busca acelerar la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y la nueva versión del proyecto de Inocencia Fiscal, mientras intenta llegar a fin de mes con posibilidades concretas de tratamiento en el recinto.
En paralelo, el Senado mantiene pendientes otras iniciativas consideradas estratégicas por la Casa Rosada, entre ellas el nuevo RIGI y la reforma electoral, cuyo futuro sigue condicionado por la negociación con los aliados.
Gobernadores, el nuevo desafío político
El episodio del Senado reforzó una preocupación que ya existía en el oficialismo: la fragilidad de los acuerdos construidos con gobernadores y bloques dialoguistas.
Las dificultades ya habían aparecido en conversaciones sobre la eliminación de las PASO, donde las discusiones mezclaban intereses electorales y reclamos financieros de las provincias. La votación sobre propiedad privada terminó profundizando esa percepción.
En ese contexto, este miércoles 12 de agosto los gobernadores del Norte Grande volverán a reunirse en Posadas, Misiones, en una cumbre que tendrá entre sus participantes al jefe de Gabinete, Diego Santilli, para abordar cuestiones vinculadas con infraestructura y otros reclamos regionales.
La convocatoria reúne a los diez mandatarios del bloque: Catamarca, Chaco, Corrientes, Formosa, Jujuy, La Rioja, Misiones, Salta, Santiago del Estero y Tucumán. Sin embargo, la asistencia no sería completamente unánime. El gobernador de Tucumán, Osvaldo Jaldo, dejó en duda su presencia física debido a compromisos en su provincia.
Jaldo evalúa permanecer en Tucumán para participar de un acto en el que la intendenta de la capital provincial, Rossana Chahla, anunciaría su intención de competir por la reelección. Su eventual ausencia en Posadas se produce, además, en un momento en que su vínculo con la Casa Rosada y su posición dentro del peronismo son seguidos con especial atención.
La cumbre tendrá así un componente adicional: será una nueva instancia para medir hasta dónde los gobernadores están dispuestos a acompañar las iniciativas del Gobierno y cuánto margen conservan para plantear demandas propias.
Entre las provincias que terminaron desinflando los puntos más polémicos del proyecto aparecen Tucumán, Catamarca, Salta, Misiones, Neuquén, Chubut y Corrientes, varias de ellas consideradas hasta hace poco interlocutores confiables para el Gobierno.
El trasfondo expone una diferencia de enfoque. Mientras la Casa Rosada suele privilegiar acuerdos puntuales para cada ley, los gobernadores empiezan a calcular sus movimientos pensando en el escenario electoral de 2027.
Después de más de dos años y medio de gestión, el oficialismo puede mostrar varias victorias legislativas construidas bajo esa lógica de negociación caso por caso. Sin embargo, el último traspié dejó una conclusión difícil de ignorar: el problema excede el desgaste de Sturzenegger y revela una dificultad política más profunda.
El desafío ya no pasa solamente por reunir votos para cada proyecto. También consiste en decidir si el Gobierno seguirá buscando alineamientos circunstanciales o si, frente al nuevo escenario del Congreso, deberá avanzar hacia un esquema más estable de alianzas con quienes hasta ahora actuaron como socios ocasionales.
