La hoy famosa financiera “Cuenca” consiguió que en Septiembre de 2005, el Concejo Deliberante le autorizara por Ordenanza de Excepción la construcción de la planta alta de su sede de Villa Lynch. La misma fue promulgada sin objeciones por Ivoskus.
La hoy famosa financiera “Cuenca” consiguió que en Septiembre de 2005, el Concejo Deliberante le autorizara por Ordenanza de Excepción la construcción de la planta alta de su sede de Villa Lynch. Justo en el lugar en el que por más de una hora, su titular Miguel Jorge Rutenberg y Londner, vicepresidente intentaron defenderse ante la prensa de las acusaciones de Marijuán. Meses después la ordenanza fue promulgada sin objeciones por el Intendente Ricardo Ivoskus
La Caja de Crédito CUENCA COOPERATIVA Limitada tiene radicada una denuncia por lavado de dinero en un Juzgado de Tres de Febrero y en las últimas horas se hizo conocida por el dictamen del fiscal Guillermo Marijuan, quien confirmó que el ladrillo de dinero de billetes del Banco Central hallados en la Bolsa de la ex ministra Miceli, habrían llegado de manera ilegal desde la financiera.
El 28 de Septiembre de 2005, el Concejo Deliberante, con mayoría opositora, sancionó una ordenanza de excepción para CUENCA Cooperativa Limitada correspondiente a la aprobación del proyecto de construcción en su planta alta. El expediente había sido iniciado en la Comisión de Obras Públicas por pedido del propio Rutenberg y antes de ser promulgado por el Ejecutivo, contó con el voto favorable de los justicialistas Fernández, Rovere, Álvarez, Barreca, Hidalgo, Smid, Mellea y Keck; Roberto Siminián de la Agrupación Vecinal José Hernández- en ese momento no era oficialista-; Fabián Villazuela de Recrear; los pattistas Porchetto y Ortega y Liberatore, Bitz, Martínez, Benedetti, Lanza, Celler y Gil del Frente para la Victoria.
Quienes votaron por la Negativa fueron los ediles, Masiero, Callegher, Nikolov, Rodrigo y Suárez. En ese momento atendieron las recomendaciones del arquitecto Paoletta desde Obras Particulares del municipio, aunque después Rutenberg tuvo suerte, porque Ivoskus también le dio vía libre a la excepción.

