Duhalde llegó de Europa y no perdió el tiempo, se reunió con diversos dirigentes peronistas y dio a entender que pretende volver a manejar el aparato del PJ. Ayer se mostró públicamente en la sede del MPA. Mientras tanto, Scioli continúa con las mesas de diálogo tratando de acercarse a los intendentes bonaerenses.
Las cosas estaban complicadas y cayó el “Cabezón”. Es que luego de que volvió de Europa, el ex presidente Eduardo Duhalde no perdió un segundo y se reunió con diversos dirigentes del PJ disidente: el jefe del sindicato de los gastronómicos, Luis Barrionuevo; el líder del gremio de los peones rurales, Gerónimo "Momo" Venegas; el ex gobernador bonaerense Carlos Ruckauf; su ex jefe de Gabinete, Alfredo Atanasof; y varios dirigentes del interior bonaerense. Su movimiento no es casual: busca aprovechar la crisis del oficialismo para rearmar la estructura del PJ entorno a su figura.
Tampoco es fortuita su decisión de participar de un acto de su Movimiento Productivo Argentino (MPA), organización civil que Duhalde preside y que nuclea a varios dirigentes del sector agropecuario, entre ellos a Eduardo Buzzi, presidente de la Federación Agraria y a Mario Llambías, de la Confederaciones Agrarias Argentinas (CRA). No hay dudas de que el enfrentamiento de Néstor Kirchner con el campo fue el primer paso en falso de un conjunto de errores de gobierno cuyo resultado ya cantaron las urnas del 28 de junio pasado, traspiés que Duhalde no está dispuesto a tener.
El ex presidente busca sumar poder para recomponerse como dirigente del PJ, formal o informalmente. Asimismo, según trascendió a diversos medios, estaría dispuesto a apoyar la candidatura presidencial del santafecino Carlos Reutemann, si bien la idea sería convocar a una interna dentro del movimiento.
Por otra parte, mientras Duhalde mueve sus hilos, la situación empeora para el gobernador Daniel Scioli.
Desde el viernes pasado el funcionario viene organizando una serie de reuniones con intendentes de la provincia con el fin, no sólo de establecer políticas conjuntas frente a la gripe A N1H1 sino, además, de plantear un primer acercamiento postelecciones con el objetivo de establecer o reforzar alianzas. Es que Scioli debe actuar estratégicamente en pos de realizar con éxito la función que asumió: dirigir el PJ a nivel nacional al tiempo que gobierna la provincia de Buenos Aires. Tarea nada fácil en el contexto actual.
Hasta ahora los encuentros con los intendentes bonaerenses se realizaron en un clima cordial y dirigentes locales se muestran cautos en sus declaraciones, tal vez esperando observar cómo deviene la distribución de fuerzas del movimiento peronista. Algunos manifestaron su apoyo a la gestión oficial, como el intendente de Villa Gesell, Jorge Rodríguez Erneta, quien expresó: “el gobernador debe sentirse respaldado por los intendentes.”
Sin embargo, desde otros sectores continúan las críticas al dirigente provincial. Por un lado, la semana pasada ciertos funcionarios le reprocharon dedicarse a cuestiones partidarias en lugar de gobernar, sobre todo teniendo en cuenta que la pandemia afecta especialmente a la provincia de Buenos Aires y que no había, hasta el momento, una coordinación entre los distintos niveles gubernamentales.
Por otra parte, desde el mismo seno del oficialismo, el gobernador chaqueño Jorge Capitanich le reclamó al ex motonauta crear una “agenda paralela a la del Gobierno nacional” y afirmó que quien conduce “estratégicamente” el movimiento es la Presidenta. Tal vez una advertencia por si a Scioli se le ocurre alejarse de la égida kirchnerista.
Pero quien sin dudas le dio un “golpe de gracia” fue Reutemann, quien ironizó: “Es muy raro que el justicialismo sea conducido por un perdedor”. De esta manera el santafecino quitó todas las dudas respecto de su posición hacia el actual presidente del PJ, a quien en un primer momento había dado la bienvenida.
En este contexto, los movimientos de Duhalde no hacen más que erosionar aún más el poder que Scioli trata de adquirir en sus mesas de diálogo.
Lo cierto es que mientras la pandemia se yergue en nuestro país – que alcanza el poco deseado tercer puesto mundial de fallecimientos por gripe A- y la recesión económica se profundiza; los dirigentes se enzarzan en un cruce de declaraciones, ocupados en tejer las nuevas redes de poder. Parece que no les interesa descifrar el mensaje que el 28 de junio pasado los ciudadanos volcaron en las urnas.
Por Laura Elisandro
