Por Pablo Pellegrini
¿Ayudarías a deconstruir a tu mejor amigo? Y si lo hicieras, ¿crees que sería por convicción o por conveniencia?
Es decir, por la convicción interna de querer revisar sus acciones, dichos, gestos y formas de vincularse con los demás, o bien, por la conveniencia de ayudarlo a seguir tranquilo, pero con una máscara puesta, maquillando los verdaderos sentimientos hasta hacerlos parecer invisibles, políticamente correctos.
Porque si algo va quedando claro en nuestra sociedad es que la deconstrucción de la masculinidad, por mencionar una, es un proceso que admite incomodidades, dudas, temores, y está bien.
Porque el desarmado de dichos, costumbres y normas a lo largo de la vida no es sencillo. Poner en dudas lo que aprendimos, no es sencillo. Desobedecer la voz de nuestros padres, repensar la familia que tenemos y de la que formamos parte, nos invita a ser críticos con nuestros seres más cercanos, y eso no es sencillo. Y, justamente, ahí está el significado que más me interesa destacar de este término.
Deconstruir no es romper, es desarmar en partes algo para entender cómo está hecho. Es una invitación a cuestionar cada historia, cada trayecto, cada experiencia, cada idea.
El origen del término es francés, del filósofo Jacques Derrida, conceptualmente vinculado a los textos, los signos, el lenguaje, a desarmar lo que leemos para encontrar el entramado, el mensaje detrás del tejido. Posteriormente, fue tomado por la filosofía de género para hacer lo mismo con el entramado social vinculado a las imposiciones de género. Que, en nuestro caso argentino, llega con fuerza por la renovación del movimiento feminista en 2015, articulado con la primera marcha del Ni una menos.
No hay una forma correcta, hay tantas formas de hacerlo como personas existen y no hay matrículas de deconstrucción que nos habiliten para aleccionar a nadie, es una tarea diaria. Creo que este es el punto: en la amistad no se castiga, se aprende de todo y se enseña con lo que tenemos al alcance. Decirle a un amigo que está teniendo comportamientos violentos, que está haciendo sentir incómodo a alguien, que con un chiste desubicado está lastimando, que está imponiendo su opinión como válida por ser varón, es tarea de la amistad también.
Dejar a la vista que en algo o muchas cosas no estamos de acuerdo con nuestros amigos, pero sabiendo que en esa oposición de pensamiento no se destruye nada, nuevamente, deconstruye, reorganiza, se politiza lo personal, nos hace preguntarnos por qué algo es normal, por qué algo es de “sentido común”.
Las cosas que sabemos no son porque sí, nada es porque sí, nada es natural. Quiero decir, todo tiene un origen, una historia, un punto en el cual empezó a desarrollarse. La deconstrucción ayuda a entender eso, aunque para muchos tenga la forma de una invitación incómoda a la que se asiste por compromiso, una llamada que no se quiere atender pero suena con insistencia.
La crítica norteamericana Adrienne Rich llamó “matriz heterosexual” o “heterosexualidad obligatoria” a una idea basada en que las mujeres y disidencias son propiedad emocional y sexual de los hombres, que a los hombres deben gustarle las mujeres y viceversa −idea binario, dual, solamente dos opciones de sentir, ser, estar−, y cualquier defensa al derecho de autonomía fuera de ese esquema constituye una amenaza.
El feminismo no es cosa de mujeres nada más, entre varones existe una fuerte represión y es más frecuente de lo que parece y se habla menos de lo que se debería. Ningún amigo puede llamar “poco hombre” a otro porque no quiere pelear, porque no quiere insistirle a una persona que dijo que no, por sus gustos sexuales, por no querer celar a una pareja, por pedir que no haya más burlas físicas, ni por condiciones raciales, de creencia o gustos.
¿Por qué nuestras abuelas, madres, hermanas, tías y primas merecerían más respeto que otras mujeres que no son de nuestra familia? ¿Por qué nuestro grupo de amigos no merecería una revisión interna, una pequeña crisis de sentido? Sentir empatía, sentirse identificado o desidentificado, sentir que algo de vos te gustaría cambiar, eso también es deconstrucción.
Entonces, ¿deconstruirías a tu mejor amigo? Quien primero se anime, puede llegar a cambiar a uno, a muchos, a todos.
