El ministro de Infraestructura mantiene una negociación paralela con el campo y avanza contra Alberto Fernández, incluso en el PJ porteño. En el gobierno ya se habla de cambios en el gabinete en junio para remover a los “traidores”. El propio De Vido afirmó ante la prensa “no es hora para tibios". El acuerdo con Hugo Moyano.
Aunque parezca una contradicción tal vez no lo sea. No sería la primera vez que la paz llegue de la mano de los halcones. Julio de Vido mantiene por estas horas una negociación paralela con el campo a través del titular del INTA Carlos Cheppi.
Se trata en rigor de una faceta de un avance más global del ministro de Infraestructura sobre espacios políticos que hasta ahora eran privativos del jefe de Gabinete Alberto Fernández. Esta movida incluye la decisión del ministro de disputarle a su eterno rival la conducción del PJ porteño.
De Vido ya tendió puentes con el titular del gremio de porteros Víctor Santa María, uno de los hombres fuertes del peronismo porteño. Además, aprovechó para anudar el respaldo de este gremio (el Suther) a la reelección al frente de la CGT de otro aliado de peso del ministro, el camionero Hugo Moyano.
La movida del ministro llega en un momento oportuno: Alberto Fernández enfrenta muy serios cuestionamientos en el PJ porteño por su alianza con los hermanos Ibarra –que públicamente ya se distanciaron de los Kirchner-. Por eso, el ex presidente habilitó las críticas contra los Ibarra, pero por ahora pidió que las mismas no sean extensivas al jefe de Gabinete. De Vido se mete así en el pago chico de Alberto Fernández.
EL FIN DE LOS MATICES
En el gobierno se evalúa por estas horas, en medio de contradicciones, radicalizar el gabinete, lo que ya es mucho decir para el kirchnerismo. Se habla de posibles cambios a principios de junio, en una o dos semanas. Porque Néstor Kirchner entiende que hay muchos “traidores” o “contaminados”, como le gusta decir a él. Esto es seguramente, gente que le propone introducir un poco de sensatez.
De Vido fue el vocero de esa posición. Dijo que la hora no admite “tibios” y consideró que "aquellos que están a favor del modelo deben decirlo porque ahora, el que no suma, resta".
Incluso, en charlas privadas suele ser más duro. "Estos son la contra", afirma el ministro ante sus colaboradores y no acepta discusión. "Julio no son la contra, son la gente que nos votó", se animó a contradecirlo uno de los pocos de su círculo que todavía dice lo que piensa. La discusión subió inmediatamente de tono.
Esa es la capacidad de tolerancia al disenso que tiene hoy el kirchnerismo duro: Ninguna.
Pero no es necesario apelar a fuentes en off para comprobar esto. En declaraciones que realizó durante una reunión de la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT), la mini CGT propia que inventó su aliado Moyano, el ministro les reclamó un alineamiento aún más férreo con el kirchnerismo.
"Creo que todos los que estamos a favor de la redistribución del ingreso, la democracia, una mayor actividad económica y el desarrollo energético tenemos que salir apoyando clara y específicamente", exigió.
De Vido consideró que "evidentemente se están moviendo fuerzas en la Argentina que están en contra de este proyecto y a veces no lo presentan claramente".
Y enfatizó que "hay que trabajar por la unidad hasta casi lo intolerable, hasta casi lo insufrible, en la unidad de los trabajadores". Palabras que grafican por si solas el talante político que domina en estas horas el núcleo duro del kirchnerismo, que observa en Alberto Fernández a un “tibio”.
MÁS LÍNEA DURA
Luego se dedicó a respaldar a las iniciativas más polémicas del kirchnerismo y su estrategia de cooptación de grandes empresas, demostrando una vez más, diferencias profundas con el jefe de Gabinete que se dedica a coquetear con empresarios españoles, a los que les pasa lo mismo que al campo: Discutir con el racional Alberto Fernández puede ser más o menos aburrido, pero en los hechos la línea que se impone es la que hoy expresó con todas sus letras Julio de Vido.
"Por ahí vemos críticas a algunos proyectos, el caso del Tren de Alta Velocidad, que busca levantar el techo tecnológico de la Argentina, esas críticas no son gratuitas, tratan de ridiculizar al proyecto porque buscan claramente evitar que la Argentina se introduzca en una nueva etapa tecnológica", afirmó.
Y para que no queden dudas, agregó: "Las críticas de una mayor argentinización en algunos capitales de empresas actualmente en manos extranjeras, también son interesadas, no son casuales".
"En el caso específico de los ferrocarriles, los que hoy critican el tren de alta velocidad, el soterramiento del Sarmiento, la política que tenemos para que el pueblo argentino pueda seguir viajando a tarifas accesibles, son los mismos que se hicieron los 'chanchos rengos' cuando las empresas fueron entregadas, y no me refiero solamente al periodismo, me refiero a muchos opinólogos, y a algunos dirigentes políticos. No hay lugar para tibios", concluyó. Quien quiera oir que oiga, dijeron con picardia, muy cerca del ministro.
