El saldo negativo se extendió por quinto mes consecutivo. El resultado mejoró en febrero, pero el atraso cambiario y la salida de divisas encendieron alertas hacia adelante.
El frente externo volvió a mostrar debilidad. En febrero, la cuenta corriente registró un rojo de USD115 millones y acumuló cinco meses consecutivos en terreno negativo. El número resultó menor al de los meses previos, aunque no alteró la tendencia.
Los datos surgieron del balance cambiario que difundió el Banco Central. Desde junio de 2024, el indicador permaneció mayormente en déficit. En ese período, solo tres meses cerraron con superávit. Esos episodios coincidieron con liquidaciones extraordinarias del agro ante cambios puntuales en retenciones.
El resultado de febrero reflejó una combinación conocida. El superávit comercial no alcanzó para cubrir el déficit estructural en turismo ni los pagos de intereses de la deuda. A eso se sumó la persistencia de la salida de capitales. La fuga alcanzó los USD2.131 millones en el mes y acumuló USD37.732 millones desde la flexibilización parcial del cepo.
Hacia adelante, el panorama presentó riesgos adicionales. El tipo de cambio real mostró una apreciación mayor a la de febrero. El índice del BCRA se ubicó en torno a 84,7 puntos en la última semana, por debajo del promedio de 90,1 que se observó en ese mes. Ese nivel implicó menor competitividad para el comercio exterior, en un contexto donde monedas de países socios se depreciaron.
En paralelo, el Indec informó la balanza de pagos del cuarto trimestre de 2025. El año cerró con un déficit de cuenta corriente de USD7.582 millones, equivalente al 1,1% del PBI. Sin embargo, el último trimestre arrojó un superávit de USD2.294 millones, el único saldo positivo del año.
El ministro de Economía, Luis Caputo, celebró el dato. «Estos resultados reflejan que la cuenta corriente, que registra el comercio de bienes y servicios, los flujos de ingresos primarios e ingresos secundarios entre residentes y no residentes, se encuentra en una dinámica consistente con el orden macroeconómico y la expansión del nivel de actividad en forma sostenida, condición necesaria para generar empleo de calidad».
Las diferencias entre los números del Indec y del Banco Central marcaron otro punto clave. Ambos organismos midieron la cuenta corriente, pero con criterios distintos. El Indec registró operaciones en base devengado, mientras que el BCRA contabilizó los flujos efectivos de divisas.
Esa brecha se reflejó con claridad en el cuarto trimestre. Mientras el Indec informó un superávit de USD2.294 millones, el BCRA reportó un déficit de USD4.557 millones en el mismo período. La distancia llegó a USD6.851 millones.
El desfasaje tuvo una explicación puntual. En septiembre, el Gobierno habilitó una reducción temporal de retenciones para incentivar liquidaciones. Esa medida adelantó ingresos de exportaciones que luego se concretaron en los meses siguientes. Por ese motivo, el último tramo del año mostró superávit en cantidades exportadas, pero déficit en los cobros efectivos.
En ese contexto, la dinámica de la cuenta corriente dejó señales de fragilidad, con presión por el lado financiero y dudas sobre la competitividad cambiaria.
