Por Andrés ‘Pachi’ Lencinas***
Hay decisiones que duelen más que otras. No por sorpresivas (porque a esta altura ya poco sorprende) sino por lo que representan. Porque nos ponen frente a un espejo que no queremos mirar: el de una sociedad que se va acostumbrando a lo inaceptable.
El presidente Milei volvió a vetar. Esta vez, una ley que buscaba proteger a una de las poblaciones más postergadas: las personas con discapacidad. Y con ellas, a quienes trabajan cada día acompañándolas, conteniéndolas, dándoles dignidad en medio de un sistema que parece haberles dado la espalda hace rato.
La emergencia en el sector no es nueva, pero sí más profunda. Con un presupuesto congelado desde 2023 y un recorte de más del 20%, los acompañantes terapéuticos (los que están ahí cuando nadie más está) cobran 3.000 pesos la hora)
Y mientras eso pasa, mientras se multiplican las marchas, los comunicados, los reclamos, el presidente aparece en canales de streaming burlándose, prometiendo más vetos, diciendo que no le importa nada. Como si gobernar fuera un juego de cartas. Como si las personas fueran estadísticas. Como si el sufrimiento ajeno no existiera.
Hoy, la ministra Patricia Bullrich volvió a hacer lo que mejor sabe: reprimir. Golpear, correr, asustar. En pleno corazón de la democracia. Porque en esta Argentina torcida, expresar un reclamo legítimo también parece ser un delito.
Después, por presión o por vergüenza, retrocedieron. Pero el mensaje ya había quedado claro.
Nos quieren hacer creer que esto es normal. Que es lógico ajustar a quienes no pueden defenderse. Que está bien elegir a quién cuidar y a quién desechar, según lo que diga el Excel del día.
Pero no. Esto no es normal. Esto no puede ser normal.
Porque si aceptamos este nivel de abandono, de crueldad disfrazada de orden, ¿qué nos queda cuando ya no haya freno, cuando todo sea cálculo electoral y rencor político?
Hoy vetaron la ley de discapacidad.
Mañana… no sabemos.
Lo único seguro es que, si no despertamos, lo anormal va a seguir siendo costumbre.
Y ahí sí, no habrá nada que vetar. Porque no quedará ni una gota de humanidad.
***El autor es Abogado y Concejal del partido de General San Martín.
