Tras la derrota en septiembre, el oficialismo optó por dejar que pase lo más rápido posible el año electoral. Y sus referentes empiezan a moverse pensando en las presidenciales. Cristina negó las internas en 2015, 2017, 2019 y 2021, priorizando el “dedo” a la hora de definir candidatos. Pero la vicepresidenta analiza abrir el juego dentro de dos años.
Desde la noche de las PASO, el oficialismo piensa en 2023. En las semanas entre septiembre y las generales de noviembre hubo una reducción de las actividades proselitistas del Frente de Todos y un deseo creciente de “que pase todo lo más rápido posible”.
En paralelo, la principal alianza opositora se afianzó, “se agrandó” y dejó en el micro clima político que el próximo presidente será alguien de su espacio.
La vicepresidenta de la Nación, Cristina Kirchner, solo dio un discurso desde las PASO. Lejos de retirarse de la arena política, ya puso sus ojos (y su análisis político) en lo que vendrá dentro de dos años: el regreso del macrismo o la sucesión peronista.
Tanto en 2015 como en 2019, Cristina eligió como cabeza de fórmula presidencial a dirigentes que despertaban amplio consenso dentro del peronismo. Daniel Scioli y Alberto Fernández no era de su riñón político, pero así y todo los designó “a dedo” como únicos candidatos del espacio.
A partir del resultado sorpresivo de las internas de septiembre, Cristina Kirchner diagrama un giro igual de sorpresivo para las presidenciales de 2023. Luego de vetar la competencia interna en 2015, 2017, 2019 y 2021, la actual vicepresidenta empieza a ver con buenos ojos la apertura de la interna dentro de dos años, con la intención de que compitan todos los sectores en las PASO peronistas.
De concretarse, sería la primera vez que el peronismo resuelve en las PASO la candidatura presidencial. Y lo que nadie va a obviar es que el precandidato ganador de esa interna, no será el precandidato mejor posicionado para enfrentar al postulante de Juntos. Y el desafío de ese precandidato ganador será traccionar la mayor cantidad de votos de sus contrincantes internos.
Por ejemplo, si un kirchnerista o cristinista se impone en las PASO, no se aseguraría todos los sufragios del precandidato del massismo o de los gobernadores del PJ.
Otros ingredientes se jugarán en esa disputa del peronismo. Y seguramente la decisión final de Cristina (y de sus aliados) dependerá del humor social de mediados de 2023 y de las números que arrojen las encuestas.
