El ex vicepresidente declaró como testigo por el supuesto pago de coimas a legisladores para la aprobación de la reforma laboral en 2000. Afirmó que reunió diversos elementos que le generaron “la certeza absoluta” de la existencia de irregularidades en el Senado.
El ex vicepresidente, Carlos “Chacho” Álvarez, afirmó hoy “haber tenido la certeza absoluta” de la existencia de sobornos a legisladores nacionales en abril de 2000, en el marco del debate parlamentario por la llamada “Reforma Laboral”. Las declaraciones fueron realizadas ante el Tribunal Oral Federal 3, que investiga el presunto hecho de corrupción del Gobierno de la Alianza
Álvarez sostuvo que uno de los elementos que lo convencieron de que los pagos irregulares existieron fue una charla que mantuvo con el por entonces senador nacional por el Partido Justicialista Antonio Cafiero. Así la describió: "Se sentía un imbécil, porque de buena fe y disciplina partidaria había votado una ley por la que se había pagado".
Luego de que calificara como un “fracaso” al Gobierno de la Alianza y lanzara otras revelaciones, el presidente Fernando De la Rúa –también presente y sentado a unos pocos metros- cuestionó su renuncia a la vicepresidencia. Pero el ex funcionario, quien estuvo 10 meses como vice, no se quedó atrás y reaccionó: “Usted necesitaba que el tema de los sobornos desapareciera de los medios y de la opinión pública y usted sabía que había que remover a (Alberto) Flamarique y a (Fernando) De Santibáñez”. Álvarez, además, recordó que en ese entonces la Cámara Alta estaba “muy degradada” y deslizó que ninguna figura política consideraría imposible el cobro de dinero para la aprobación de la ley.
Para resumir su visión, afirmó: "Estaba convencido políticamente que los sobornos existieron”. Y agregó en su declaración la confesión del “arrepentido” exsecretario parlamentario Mario Pontaquarto y un artículo del editorialista Joaquín Morales Solá, como otros elementos que lo ayudaron a “reafirmar lo que pensaba”.
En tanto -previo al ex vice-, declararon el exdiputado nacional y periodista Jorge Giles, y el por entonces ministro de Trabajo, Alberto Flamarique. El ex legislador tildó a aquel proyecto de “lexibilización” y aseguró que votó en contra de algo que, para su criterio, iba en contra de los trabajadores.
Por su parte, Flamarique fue más allá y, entre lágrimas, afirmó que la causa en la que se encuentra procesado le “hizo conocer el odio”. "Ése es el peor castigo que tengo para toda la vida. No sé si lo voy a poder controlar”, remató.
