El ministro de Economía defendió la nueva emisión de deuda en dólares, apuntó contra los bonos del canje de 2020 y sostuvo que el país todavía enfrenta un déficit de credibilidad que frena la baja del riesgo país. También reivindicó la acumulación “ordenada” de reservas y criticó a los funcionarios que aumentan impuestos en plena recesión.
El Gobierno avanzó esta semana con un movimiento clave en el frente financiero. Luis Caputo confirmó la colocación de un bono en dólares con una tasa del 6,5%, una decisión que, según sostuvo, abriría la puerta para “volver a los mercados internacionales de deuda”. El ministro aseguró que el objetivo inmediato fue conseguir los fondos para cubrir los vencimientos del 9 de enero, que sumaron US$4200 millones entre capital e intereses.
Caputo explicó que la operación funcionó como un reemplazo de deuda. El Tesoro canceló títulos antiguos y lanzó otros nuevos en condiciones distintas. El titular del Palacio de Hacienda insistió en que la emisión permitiría reducir la carga financiera, ya que esos bonos pagarían un rendimiento inferior al de los instrumentos que salieron de circulación, aunque en el mercado previeron tasas más cercanas al 10% por el descuento esperado en la colocación.
El ministro vinculó la decisión a la falta de interés por los bonos que surgieron del canje de 2020. Señaló que los inversores dejaron de confiar en esos papeles y recordó que sus características fueron poco habituales. “Son bonos raros”, afirmó, y cuestionó que incluyeran amortizaciones de capital cada seis meses. También admitió que el problema central fue su bajo rendimiento. “Tienen un cupón muy bajo. En ese momento, la tasa internacional era prácticamente cero”, sostuvo, aunque reconoció que ese escenario cambió con la tasa de referencia en torno del 4%.
Caputo insistió en que la emisión buscó marcar un contraste. Explicó que el mercado exige instrumentos convencionales con tasas más alineadas al costo del dinero en el exterior. La expectativa oficial es que la demanda inicial eleve el precio de los nuevos títulos y mejore la valuación de las carteras que los tenedores privados aún conservan. Más del 80% de los bonos que vencieron en enero quedó en manos de inversores particulares, mientras que el resto perteneció a organismos públicos.
El ministro, sin embargo, admitió que la operación no garantizó una reducción inmediata del riesgo país. El indicador se mantuvo cerca de los 650 puntos básicos, muy lejos del nivel que él proyectó meses atrás. “Quiere decir que evidentemente no hay una credibilidad. La Argentina hace décadas dilapidó la credibilidad y recuperarla no es fácil”, afirmó durante una actividad organizada por el Grupo IEB.
En paralelo, Caputo detalló sus prioridades para los próximos meses: sumar reservas en el Banco Central, eliminar las restricciones cambiarias que todavía afectan a las empresas y avanzar en el Congreso con reformas económicas que definió como estructurales. También reiteró que las intervenciones en el mercado cambiario seguirán un ritmo prudente. Rechazó las versiones que anticiparon compras masivas de divisas. “Muchos tienen la idea de que el Fondo nos va a obligar a flotar, que vamos a comprar dólares como locos de un día para otro, pero eso no va a ser así de ningún modo”, afirmó. Aseguró que una estrategia agresiva generaría una “suba artificial” del dólar y desordenaría las expectativas.
La gestión económica estudió un repo por US$7000 millones con bancos internacionales y otro ingreso de US$1000 millones por la emisión de esta semana. El ministro confió en que el país tiene margen para mejorar la percepción de riesgo. “Hay que respetar mucho a los mercados, pero está la capacidad de comprimir el riesgo país enormemente”, señaló.
También defendió el esquema de bandas para el tipo de cambio y respondió a quienes reclamaron una liberalización total. Calificó ese planteo como poco realista. Explicó que un salto brusco generaría tensiones en un país con una volatilidad política persistente.
Caputo se refirió además a la política impositiva de los gobiernos locales. Criticó en particular a las autoridades de Pilar. “Hoy mismo vemos un modelo donde algunos gobernadores e intendentes aplican lo que hacían cuando eran gobierno: tener déficit y financiarlo con suba de impuestos, de tasas y deuda”, dijo. Señaló que la suba de la Tasa de Protección Ambiental fue obra de un “irresponsable absoluto” y un “pésimo administrador”.
El ministro defendió la reducción de retenciones anunciada antes de su exposición y volvió a poner el foco en la reforma laboral. “La reforma laboral es clave”, afirmó. Según sus cálculos, si la economía creciera 6% anual durante seis años, el Estado podría devolver US$500.000 millones al sector privado en baja de impuestos.
Cerró su presentación con una definición sobre la competitividad del país. “Le hicieron creer a los empresarios que pueden ser competitivos si somos un país de merda”, expresó. Remarcó que la apertura y la estabilidad permitirían que surjan nuevos negocios y que las empresas reconozcan que su rentabilidad depende de la inversión y la competencia real.
