El último campeón del fútbol argentino no encuentra el rumbo en medio del campeonato y a poco de empezar la Libertadores
En el fútbol existen distintas formas de plantear un partido para llegar al único objetivo que, indudablemente, todos quieren llegar: ganar, ganar y ganar. Pero, ¿qué pasa cuándo ese fin no se logra y, además, el funcionamiento del equipo no aparece? Sin dudas, surgen cuestionamientos, exigencias y respuestas inmediatas para intentar revertir la situación en búsqueda de un estilo. Y más cuando se trata de un equipo grande.
Boca está en ese naufragio. Quiere escapar de las dudas, de las preguntas, de las críticas y encontrar un rumbo claro para empezar a enderezar el barco que lo encuentre en una situación distinta cuando debute en la Copa Libertadores. Miguel Ángel Russo sabe más que nadie este contexto y por eso intenta, partido tras partido, con modificaciones tácticas y variantes individuales, consolidar un carácter definido en vísperas del máximo torneo continental, a caso la obsesión del «Xeneize» de los últimos 14 años.
En la derrota como visitante frente a Unión quedó a las claras el presente de Boca. Es difícil describir a qué juega el equipo de Miguel: no sabe cómo vulnerar al rival, cómo gestar juego para romper la solidez defensiva cuando le entregan la posesión ni tampoco cómo consolidar su defensa cuando no tiene el balón, por cierto el momento en el que más cómodo se siente para poder explotar los espacios con la velocidad de Villa y la subida de los laterales.
A pesar de que volvió Cardona para darle al equipo más elaboración en zona ofensiva, el colombiano no pudo ser gravitante frente al «Tatengue». Sin embargo, es el único que intenta algo distinto en medio de tanta redundancia. Es verdad que los de Juan Manuel Azconzábal se replegaron e hicieron su juego, pero Boca tiene la jerarquía necesaria como para penetrar esos bloques defensivos y de esto es plenamente consciente.
Sabiendo que Unión no iba a atacar demasiado, Russo aprovechó la lesión de Marcos Rojo al término del primer tiempo y mandó a la cancha a Franco Soldano para reanudar el segundo. La línea de tres defensores no había funcionado, y para el complemento hizo retroceder a Julio Buffarini y Frank Fabra para volver a la línea de cuatro tradicional con «Cali» Izquierdoz y Carlos Zambrano. Ese sistema tampoco le fue efectivo a los de la ribera para llegar al gol y, es más, el tanto del local llegó a los 49′.
Villa tuvo casi siempre dos hombres encima, Tevez no fue determinante como en otros partidos y, quizás también, faltó un poco de contención en la mitad de la cancha donde jugaron Campuzano y Almendra. En definitiva, un partido pobre para Boca que parece estar viendo la misma película desde el comienzo del año donde no encuentra el sistema táctico, el estilo de juego y, a veces, ni siquiera las individualidades lo salvan. Por eso le cuesta tanto encontrar regularidad tanto en la Bombonera como fuera de casa.
Russo prueba, prueba y prueba, pero no le encuentra la vuelta a un equipo que se lo percibe apático, lento, carente de ideas y, lo más llamativo, sin un concepto claro de juego que no le permite ser protagonista ni cuando le ceden la posesión ni cuando el rival la posee. Se dé como se dé el partido, a Boca no se lo ve con convicciones fuertes ni con un plan de juego de base para afrontar, como dentro de poco tiempo ocurrirá, la Copa Libertadores de América, la competencia más importante del año y que puede definir muchas cosas para el club.
