Entrando en la veda electoral del ballotage porteño, Macri puede darse el lujo de festejar con los jugadores de Boca una nueva Copa Libertadores. Intentará mostrar que puede llevar el modelo de gestión del club a la Ciudad de Buenos Aires.
Por César Morielli
El Ingeniero Mauricio Macri decidió cerrar su campaña en la misma sintonía que tuvo durante la primera vuelta: “24 horas de acciones”. Hace un par de semanas había sido la maratón de propuestas que se extendió durante el mismo período de tiempo.
De esta manera intenta mostrarse conciliador, esquivo a las polémicas y los agravios y activo de cara a la nueva manera de gestionar que dice representar. Pero lo cierto es que ni él, ni su entorno, ni su asesor Durán Barba, hubiesen planeado un mejor cierre de campaña que Boca ganando su sexta Copa Libertadores y consolidándose como Rey de Copas a nivel internacional.
Macri podrá festejar de lo lindo con jugadores, dirigentes e hinchas del club en cuanto programa radial o televisivo sea invitado a participar. Y allí estará con la sonrisa amplia y el pecho que supieron inflar tantos títulos y éxitos deportivos con la azul y oro. El mensaje se difundirá sólo y sin necesidad de que el Ingeniero abra la Boca: el concepto de que lo hecho en el club es posible para la Ciudad.
De lado quedarán todos los mails y episodios de la campaña negativa que intentó el kirchnerismo, relacionándolo con lo peor de los 90. Nada derrota a un éxito futbolero, y si al sol no se lo puede tapar con las manos, si se le puede hacer sombra con un grito de gol y una copa en alto. Macri parece blindado en las últimas horas de campaña.
Es un secreto a voces que Macri se catapultó a la política desde su éxito innegable como dirigente deportivo. Llegó a un club devastado en lo económico, lo futbolístico y lo administrativo; y no sólo lo hizo resurgir sino que lo transformó –con buenas y mala decisiones- en el equipo de futbol más exitoso de la Argentina.
Sin embargo existe un hecho que no debe soslayarse: Boca es sólo un gran equipo de futbol, con todo lo que eso requiere. Pero no funciona como Institución deportiva y social y tiene grandes problemas con sus socios y con los barras bravas. Algo que los detractores pasaron por alto a la hora de las críticas.
Pero claro, poco le importa a la gran mayoría de los hinchas, que están borrachos de festejos y no dudan en confirmar en voz alta que votarán a Macri, a quién los sondeos previos del ballotage le dan bastante más que “la mitad más uno”.

