Tras la última recaída, el jugador fue separado del plantel profesional de River. Lejos de su familia y cada vez más lejos del fútbol, Ortega está pasando su momento más difícil. La batalla contra el alcoholismo, será de por vida. Mientras tanto, algunos que se hacen llamar periodistas, llevan adelante una “caza de brujas”.
Por Adrián Cordara
Es duro. Es complejo. Para los que amamos el fútbol no hay peor imagen que el ocaso de un habilidoso, de un “distinto”, de un “poeta de la número 5”. Porque lo vimos gambetear, quebrar la cintura, “hacer pasar de largo” al rival tantas veces, que creemos que podrá fácilmente esquivar un problema. Una adicción.
Hay muchos que se ponen en la postura clásica del argentino, la crítica, la que no perdona, la que se burla, la que condena, la que toca de oído sin saber, la fácil: “Lo que pasa que a ese pibe le gusta mucho la joda”, es lo que se escucha en algunas bocas filosas e ingratas.
Otros piensan que Ortega “tiene que jugar siempre”, más allá de lo que haga, porque siempre va a saber que hacer con la pelota. Un pensamiento que no es real, y que alimenta a la intrincada cabeza del jugador, a pensar que puede sobrellevar su carrera de futbolista y su adicción paralelamente. Y que por otro lado, lo aleja de una posible recuperación.
Lo cierto es que Ariel Ortega está preso de una enfermedad que lo está alejando de todo lo que quiere. Primero, lo alejó de su familia. Hace un tiempo que el “Burrito” no vive más junto a los suyos, después de un hecho de violencia que protagonizó con su mujer cuando llegó “en mal estado” tras una noche de recaída.
En segundo lugar, lo distancia cada vez más de la pelota, de los entrenamientos, de jugar el domingo. Y lo acerca cada vez más, lamentable e inevitablemente, a un retiro del fútbol. Porque el técnico de River sabe que teniendo “un trato diferencial” con él, no está ayudando al Ortega persona, al enfermo. Que necesita tener objetivos claros y concretos, metas, que lo ayuden a alejarse de su lucha, que es de todos los días.
Hoy sin duda se encuentra en su peor momento. Después de una excelente pretemporada, donde se lo vio muy bien de cara a lo que viene, sucedió otra vez. Esas recaídas que nadie espera, y créanme cuando les digo que Ortega tampoco la esperaba. Tiene la 10 de su equipo, el técnico le había vuelto a dar la capitanía (después de sus insultos hacia el “Cholo”). Sin embargo, cuando todo parecía encaminarse, sucedió, un vez más. Y el “Burrito”, fue separado del plantel.
De más está decir que la decisión del DT es la correcta. Más allá de que la idea de esta nota no sea evaluar a Simeone. Ortega debe darse cuenta de que su enfermedad está avanzando a pasos agigantados. De que está perdiendo la pelea. De que ya perdió a su familia, está por perder el fútbol y que si continúa por este camino puede perder su vida.
Debe recuperarse por él, no por los mediocres que se llenan la boca diciendo que es un mal ejemplo sin analizar sus propias miserias. Los que dicen hacer periodismo y buscan “la verdad” persiguiendo con una cámara al jugador a la salida de un boliche. Para ellos, que un alcohólico este ebrio, es noticia. Vaya redundancia. Y si esa persona es Ariel Ortega, mucho mejor. Se amparan en el periodismo para hacer una “caza de brujas”, lamentable, vomitivo.
Ortega debe “querer” recuperarse. Por él, por su familia, por su amor al fútbol. Ojalá lo logre. Muchos adictos dicen que la batalla es de por vida, para Ariel, la pelea recién comienza.
