El concejal participó de un encuentro organizado por la familia en Villa Ballester para celebrar el resultado electoral. Hace algunos años, diferencias políticas los habían alejado, pero durante los 12 años de gestión de los Ivoskus mantuvieron una relación de trabajo político.
El concejal Gustavo Suárez, de la bancada de Cambiemos en San Martín, participó de un encuentro en Villa Ballester para celebrar el resultado electoral. El festejo fue organizado por los Ivoskus para agradecer el esfuerzo militante de su círculo más íntimo.
La foto que circuló por redes sociales transmite el reencuentro político entre Suarez y los Ivoskus. La relación se había enfriado luego del 2011, cuando Katopodis llegó al Ejecutivo local. Ahora, en la imagen, se lo ve al concejal entre Daniel y Ricardo, los máximos referentes de la familia política de San Martín.
El diálogo se retomó pensando en sumar fuerzas de cara a las elecciones de octubre. En Cambiemos saben que ganaron las PASO pero que las diferencias son pequeñas y nadie puede descansar. Pero además de las elecciones generales hay otro objetivo para el futuro: el recambio de bancas de diciembre. En el ivoskismo sueñan con tener las manos suficientes para quedarse con la presidencia del Concejo Deliberante. Suárez es clave para esa decisión.
Luego del alejamiento en el 2012, las tensiones también florecieron cuando se armó la Mesa Cambiemos San Martín. Entre los actores locales hubo roces tras bambalinas para conformar el espacio pero también para sacarse la foto el día de la presentación oficial. Finalmente, el ministro López Medrano, en silencio, se erigió como el conductor del espacio.
El concejal Gustavo Suárez siempre sostuvo que lo unía una relación de respeto con los Ivoskus, que fue un defensor de la gestión del lituano y que el alejamiento se produjo por diferentes visiones políticas. Con orgullo sostiene que fue de los primeros que advirtió que había que aliarse con Macri, y recibió críticas por querer pintar a Honestidad y Trabajo de negro y amarillo. En esas épocas, en el bunker de Villa Ballester, la mayoría prefería quedarse con Scioli.

