Milla, otra vez decisivo, metió dos goles y regaló una asistencia. Con él, Chaca le dio vuelta el partido a la BH, se acomodó tercero, y ya se prueba el traje de Promo.
En la ruta a la Promoción, el horizonte se adivina diáfano, abierto. Y, desde que Monzón posó las manos en el volante, trajeado como para un 15, va acortando la distancia al anhelo. La medida elegida para ilustrar el momento de este Chaca que inaugura habitación en el podio, que acarrea cuatro banderines a cuadros al hilo, no es azarosa. Es la que mejor le cabe, porque tiene un artillero que sabe donde cabe mejor (la pelota) en el arco. Una vez más, Cristian milla fue decisivo, la piedra fundacional del triunfo ante Ben Hur. El scorer del campeonato dio la asistencia para el empate y clavó los dos de la diferencia y pudo convertir otro par, desde esa asociación lícita, fresca, con Víctor Figueroa.
A partir de ellos, el Funebrero de Pedro Damián da la talla, engendra un sueño a su medida y eso que la tarde había arrancado más proclive a Freddy Krugger para el local. No, justamente, porque la BH era abrumadoramente superior.
La escuadra de Zielinski, con intención de prolijidad, buscó pararse lejos de su área para no verse avasallada y tuvo a Ceresetto como nave insignia: el delantero, con una definición de Premier League, embocó el 1-0. Pero en todo momento marcó en línea, con baches en los laterales que nada tienen que envidiarle a los de la city porteña. Y aún en su mejor momento, sufrió con la movilidad de un Gómez sin posición fija primero, y el vértigo del dúo dinámico después. Por eso, no extrañó que el ambicioso Chaca, saludable en su idea, a pesar de que algunos intérpretes (como ayer Rotondo) todavía no sacaron la melodía, encontrara el empate en el pase de milla y el zurdazo cruzado de Figueroa. Y tampoco que a Aguiar se le abollaran los guantes y el cuerpo para aguantar la parda hasta el descanso.
Fue el anotador quien se hizo cargo de alivianar las tensiones con el remate desde afuera que forzó al rebote de aguiar para que le permitiera sacar distancia.
Fue Monzón el que practicó una disección de paladar en público, juntando toqueteros aún en ventaja, no sólo sin resignar el ataque, cargándole nafta. Fue ese ímpetu el que alimentó otra vez el arco, el que amagó con más. La caravana por volver a Primera ya depositó a Chaca en tercera base. El auto, más que nunca, parece confiable y San Martín sueña, paso a paso, milla a milla.
