La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, designó al exdiputado Gerardo Milman como asesor en su despacho en el Senado. La movida llegó después de varios intentos fallidos para asegurarle un lugar con mayor visibilidad institucional.
Bullrich buscó incluir a Milman en las listas libertarias en el último turno electoral. La iniciativa encontró un freno en Karina Milei, quien objetó su postulación por la controversia que rodeó al exlegislador tras el atentado contra Cristina Kirchner. Esa resistencia dejó a Milman fuera de la competencia.
Luego, la ministra intentó ubicarlo como director de la Relación con las Provincias en la Cámara alta. El cargo implicaba un salario cercano a los tres millones de pesos. El nombramiento generó cuestionamientos y no prosperó. Milman desistió ante la polémica que se instaló en el Senado.
En ese episodio, la conducción del bloque libertario gestionó la firma del presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala, para avanzar con la designación. Desde la Casa Rosada ordenaron frenar el trámite. La decisión obligó a postergar la incorporación.
El escenario cambió con el ingreso de nuevos senadores, que habilitó una serie de designaciones en planta transitoria. En ese marco, Bullrich impulsó el decreto que formalizó la llegada de Milman a su equipo. La vicepresidenta Victoria Villarruel firmó el decreto 92/26 que habilitó su ingreso como asesor.
En diciembre, Villarruel habría rechazado su designación como autoridad administrativa de la Cámara. Sin embargo, no tenía margen para impedir que una senadora lo sumara a su planta. “Sería demasiado”, señaló una fuente al tanto del trámite.
La incorporación de Milman ocurrió en un contexto de creciente disputa entre Bullrich y Karina Milei por el armado político en la Ciudad de Buenos Aires. La secretaria general de la Presidencia buscó consolidar su influencia en el distrito y limitar el protagonismo de la ministra.
En paralelo, el presidente Javier Milei elogió públicamente a Bullrich durante la apertura de sesiones ordinarias. En el entorno libertario interpretaron ese gesto como una señal hacia la interna oficialista.
Con la llegada de Milman al Senado, Bullrich envió un mensaje interno. La designación funcionó como una muestra de autonomía frente a la Casa Rosada y reafirmó su decisión de sostener a su principal colaborador pese a las resistencias.