Peter Robledo juntó a la tropa; el "fulbito" de Olivos se trasladó de cancha.
La coyuntura acorta el horizonte de problemas que requieren soluciones urgentes. Y ante esa perspectiva, el escenario electoral 2017 resulta lejano. Pero para algunos en el PRO cada día que pasa es uno menos para sentarse a discutir o a trazar un plan para revalidar lo ganado en el ballottage.
Uno de los que están atentos a esto es el grupo que lidera Pedro Robledo, que hace unos días reunió a integrantes de todo el país de la llamada juventud PRO. Pero para sorpresa de los que viajaron a Buenos Aires, sólo Rogelio Frigerio fue la figura de peso que se acercó a conversar con ellos y a atender a una requisitoria definida que se resumió en: dejar de sentirse útiles sólo en momentos de campaña, o cuando hay que entregar banderas, globos, volantes, etc.; y quieren tener una mayor participación al menos en el armado 2017.
Algunos incluso algo acalorados recordaron que en su ADN se consideran radicales y que, de aparecer una figura radical convocante, “una boina blanca les sentaría mejor que un globo amarillo”. Robledo ya había hecho este planteo a Marcos Peña, quien descree por ahora de lo que él llama el “corporativismo” de la política y apunta al trabajo personal con cada votante. La respuesta de los jóvenes reunidos es siempre la misma; eso funciona para la Ciudad, el país es otra cosa.
Pero si la reunión en cuestión resultó caliente, mucho más lo fue cuando se enteraron de que Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal y el propio Peña sí habían participado de una reunión del GAP (Generación de Acción Política), algo así como un think tank, es decir, un grupo de “pensadores” y sobre todo un espacio para hacer lobby, pero con nula participación en la calle cuando hay que apoyar. Tomado como un desaire, se lo hicieron saber a Robledo, quien tomó nota del reclamo
