Antes de viajar a Davos el presidente Macri violó la clausula transitoria 6º de la Constitución Nacional, que determina el régimen de coparticipación, al decidir por decreto aumentársela a la Ciudad Autónoma, so pretexto que se usará para financiar el traspaso de 20.000 agentes de la Federal.
Esta determinación está beneficiando a uno de los sectores de mayores ingresos, ante el reclamo de las provincias y esencialmente de Buenos Aires, que produce el 38% del PBI y solo recibe el 18% de coparticipación.
Durante el gobierno de Alfonsín, y cuando los radicales cayeron en cuenta que la fórmula Antonio Cafiero – Luis Macaya se iba a imponer en las elecciones bonaerenses, se modificó el régimen de coparticipación para quitarle fuerza al peronismo que iba a ganar la provincia.
Durante 28 años de gobiernos justicialistas, nunca existió la voluntad de devolverle a Buenos Aires lo que le correspondía, y así se fueron inventando distintos entes encargados de financiar con dinero nacional al estado provincial que mayor riqueza produce.
Durante el kirchnerismo y su declamada reivindicación de los caudillos federales, en realidad se aplicó el régimen federal para recaudar y el unitario para distribuir, inventándose el sistema amigo-enemigo, pasando por arriba de gobernadores que no le eran adictos, para llegar con ayuda directa a intendentes, organizaciones sociales, políticas, que sí se anotaban en la fila de aplaudidores.
Macri ahora auxilió a Rodríguez Larreta y el gobernador peronista Verna, de La Pampa, con justa razón, puso el grito en el cielo por lo violatorio de la distribución de la coparticipación.
El presidente Macri, acostumbrado a manejarse como empresario, firmó una enorme cantidad de decretos, como si él fuera el CEO de una gran empresa privada llamada Argentina.
Si uno investiga un poco en los equipos de funcionarios que acompañan al presidente, encontrará la elite de CEOs transformados ahora en ministros, secretarios, subsecretarios y directores del Estado Nacional.
Así, el secretario de Coordinación de Políticas Públicas de la Jefatura de Gabinete, Gustavo Lopetegui, tuvo como trabajo anterior ser el CEO de la empresa chilena de aviación LAN, donde había ingresado en el 2009, y cuyos representantes en la Argentina fueron el hijo de Mariano Grondona y el hijo de Martínez de Hoz.
Mientras tanto, el abogado Mario Quintana fue nombrado secretario de Coordinación Interministerial de la Jefatura de Gabinete, siendo su trabajo anterior el de defender al grupo Pegasus, que maneja entre otros negocios, el de Fredo y Farmacity.
Su subsecretaria, Natalia Zang, fue justamente directora de finanzas de Farmacity, y antes directora de la minera Austral Gold.
También aquí trabaja el hijo de uno de los principales sojeros con campos en Argentina y Uruguay, Rosendo Grobocopatel.
Así podríamos enumerar en casi todos los ministerios el ingreso de gente acostumbrada a gerenciar y dar órdenes.
Aquí es cuando se pierden las formas, porque so pretexto de la ejecutividad y la falta de conocimiento de las funciones de los poderes en el país, aparecen situaciones que, si no se corrigen a tiempo, le pueden costar en el Parlamento un problema inmanejable al presidente.
Volviendo al tema de la coparticipación, la situación es muy compleja.
Primero, porque se han tomado medidas financieras que indican el aumento de la deuda pública, lo que agigantará el déficit fiscal.
Por otro lado, la autorización a que las provincias tomen deuda en el mercado local o internacional, recibió el visto bueno del presidente, que ya se los comunicó a los gobiernos provinciales.
Recordemos aquí que Cristina Fernández, después de doce años de kirchnerismo, de los 150.000 millones de deuda con que recibieron al país, lo entregó con 250.000 millones de dólares de deuda, con una deuda interna importante, habiendo echado mano al Banco Nación, a los bancos provinciales, al Anses, habiendo achicado las reservas del Banco Central, metido mano en las obras sociales sindicales por 21.000 millones de pesos, y habiendo pagado de intereses más de 200.000 millones de dólares.
El gobierno de Macri no puede repartir lo que no hay, por lo tanto corremos el riesgo que gobierno y oposición festejen alborozados nuevos endeudamientos.
Al regreso de Davos escucharemos anuncios de inversiones, y después que se arregle con los buitres probablemente aparezcan flujos frescos de dólares, que los nietos de nuestros nietos verán como lo resuelven.
El mundo está ávido de que aumentemos la deuda eterna, la que no nos deja pensar, la que alguna vez reclamarán que saldemos con territorio.
En 1946 el general Perón canceló la totalidad de la deuda externa argentina y declaró la Independencia Económica.
A su caída en 1955 éramos un país acreedor, donde todos nos debían, el mayor deudor era España y hasta Israel nos debía un millón de dólares.
Con la dictadura liberal masónica pro británica de Rojas y Aramburu y el ministro radical de Economía, Eugenio Blanco, apareció Raúl Prebisch, para que nos hiciéramos socios del FMI.
Allí comenzó el festival del endeudamiento, hasta llegar a nuestros días con 400.000 millones de dólares de deuda.
El tercer gobierno de Perón lo bajó de 11.000 a 6.000 millones. E Isabel continuaba bajando la deuda, y vino el golpe.
Como dato anecdótico el mismo Raúl Prebisch, asesor de Alfonsín, fue el que le sugirió achicar la coparticipación a Buenos Aires, después del triunfo peronista.
