No hace falta una foto para escenificar las coincidencias de Daniel Scioli y Sergio Massa con la cúpula del sindicalismo opositor. La ausencia de ambos de la cumbre marplatense se debió a un motivo similar: quisieron eludir que se los mencionara como "candidatos presidenciables" en tiempos en los que hablar de postulaciones quizás sea poco marketinero.
Por Nicolás Balinotti, para Diario La Nación
Pero la verdad es que hace rato que Scioli y Massa estrecharon sus manos con las de Hugo Moyano y Luis Barrionuevo. Los unen negocios, una mirada casi idéntica sobre el modelo sindical, la identificación partidaria con el peronismo y una percepción apocalíptica del kirchnerismo. Además, los cuatro se ayudaron entre sí para construir el diferente poder que administran hoy cada uno en su territorio. Eso sí, los cortocircuitos salen a la luz cuando se desafían a ver quién es el más poderoso. Pero ésa es otra pelea.
Scioli y Massa coquetearon hasta último momento con su presencia en la cumbre sindical. Los seducía principalmente convertirse en los mentores de la unidad gremial. Saben del valor que ello conlleva. Un antecedente: en 2004 Néstor Kirchner intervino en persona para unir a la CGT y fortalecer el 22% de las urnas con el respaldo casi absoluto de los gremios. A cambio, restableció las paritarias como mecanismo para negociar salarios y ubicó a sindicalistas en la función pública. Tanto el gobernador de Buenos Aires como el líder del Frente Renovador (FR) elogian cada tanto la estratégica jugada del ex presidente.
A pesar de algunas críticas sindicales por las ausencias, Scioli y Massa dijeron ayer presente a su manera. Con el anfitrión ya habían cumplido cuando en la noche del viernes ambos concurrieron a la reinauguración del casino que administra Barrionuevo. Mucho tuvo que ver el gobernador en los permisos para reabrir la sala de juego del Hotel Sasso. La explotación de la industria de los juegos de azar es un sencillo atajo para obtener dinero público y privado. Ambos ganan con las ruletas, el póquer y el black jack.
¿Y Massa? Con su presencia en la sala de Punta Mogotes cumplió sobre todo con Graciela Camaño, la esposa de Barrionuevo y una de las espadas del FR en el Congreso. También cumplió con el gremialista Carlos Acuña, diputado provincial de su partido y referente de la barrionuevista CGT Azul y Blanca.
No bien supo que Scioli y Massa no asistirían, Moyano tomó distancia de la organización. "Se hace en el hotel de los gastronómicos", dijo, haciéndose el desentendido. Apenas unas horas antes su hijo Facundo se había retratado junto a Massa en las playas de Pinamar. Ambos diputados sugirieron un eventual acuerdo parlamentario en temas sindicales o vinculados con el bolsillo de los trabajadores. Unos días antes, también Facundo Moyano había negociado con funcionarios sciolistas el canon del 7% de la recaudación de los peajes que le correspondería al sindicato de la actividad.
Y si de acuerdos se trata, Hugo Moyano y Scioli deberán reunirse para avanzar en cuestiones sobre el tratamiento de la basura y sobre el Plan Más Vida, una iniciativa oficial que distribuye alimentos por más de 50 municipios. Estuvo dando vueltas, además, la inclusión del moyanista Omar Plaini en un listado de eventuales candidatos para ocupar el Ministerio de Trabajo bonaerense.
Con su faltazo, Scioli y Massa también cumplieron con la CGT que aún se mantiene alineada con la Casa Rosada. El gobernador hizo un difícil equilibrio entre las llamadas de Antonio Caló, el jefe de la central oficialista, y las del estatal de UPCN Carlos Quintana. Lo intentaron convencer de que del encuentro marplatense jamás saldría la unidad sindical.
Massa, en cambio, escuchó a Héctor Daer, el vocero de la CGT oficialista y diputado de su fuerza. Para Daer, si el ex intendente de Tigre asistía, iba a convalidar a las otras dos CGT. Sucede que fue él quien orquestó en 2012 la estrategia legal para desbancar a Moyano del poder cegetista.
Más adelante, con seguridad, Moyano y Barrionuevo tendrán su foto con Scioli y Massa. Ninguno desea resignar su influencia. Mucho menos cuando el peronismo aparece herido y tantea para dónde se inclinará la balanza del poder.
