Algunas declaraciones de las últimas horas han sacudido la modorra política del verano, en particular porque provienen de la oposición, casi en estado vegetativo desde el triunfo que inauguró el segundo período presidencial de Cristina Kirchner, en aquel lejano 23 de octubre de 2011.
Por Julio Villalonga, para GacetaMercantil.com
Mauricio Macri, el jefe de Gobierno porteño, aseguró que trabaja para ser presidente en 2015 y, para ratificar su vocación, aseguró que está en condiciones de armar un gabinete. "Siento que puedo ser Presidente. Puedo armar un equipo como no se haya visto en la Argentina, por lo menos desde (Arturo) Frondizi para acá, con una renovación importante", aseguró.
Macri siempre ha dicho que se considera un desarrollista. Para los más jóvenes, Frondizi presidió la Argentina entre 1958 y 1962, cuando fue derrocado por las Fuerzas Armadas después de cientos de “planteos”, el nombre que se daba en la época a las indisimuladas presiones de la cúpula castrense, que desconfiaba de la clase política en general y de Frondizi, en particular, un hábil dirigente radical que tenía una visión demasiado osada para el país, hasta el punto de que consiguió el apoyo de Juan Domingo Perón, entonces en el exilio madrileño. Para algunos un estadista, el extremo pragmatismo de Frondizi lo llevó al desastre. Y, al final de su vida, a transformarse en un “carapintada” resentido y antidemocrático, y en un anticomunista visceral.
Macri se queda con el industrialismo del frondizismo, un modelo de desarrollo en el que la actividad privada era esencial y el Estado, el que preparaba las condiciones para su expansión.
El lugar en el que el macrismo busca posicionarse para dar batalla al kirchnerismo es el de una continuidad pero con apertura de la economía, una suerte de “mix” de políticas sociales “moderadas” pero con un peso menor del Estado. (Cuando Macri habla de un “equipo de lujo” piensa, incluso, en contar con Roberto Lavagna, aunque todavía no lo diga.)
El propio Federico Pinedo ha advertido que los radicales que se niegan a analizar siquiera una futura alianza con el macrismo se han quedado “en la Guerra Fría”. Pinedo mantiene una sólida relación con el senador nacional Ernesto Sanz, representante del ala que entiende que en 2015 la UCR deberá anudar alianzas hacia el PRO y hacia el peronismo si aspiran a cerrarle la puerta al poskirchnerismo, encarnado hasta ahora por el gobernador bonaerense, Daniel Scioli.
Sin embargo, el proyecto "Macri Presidente" choca siempre con el problema, no menor, de que deberá enfrentar a Scioli, que atiende casi al mismo mercado pero desde el peronismo, y que al gobernador encima le surgió un "plan B", Sergio Massa, otro eventual competidor del jefe de Gobierno porteño en su lanzamiento nacional.
El experimento político de Massa, mientras tanto, cosecha adeptos dentro y fuera del kirchnerismo. El intendente de Tigre no debe apurarse pero tampoco quedarse en la retranca, por lo que el “timing” será clave en su performance futura. El “massismo”, por ahora más una construcción mediática que un reflejo en la realidad, cuenta con una decena larga de intendentes que, algunos apurados por sus propias urgencias, decidieron “invertir” en Massa ahora para garantizarse un eventual lugar bajo ese Sol en el porvenir. Cada caso es distinto, pero Joaquín de la Torre, actual intendente del complicado distrito de San Miguel, no se ve allí después de 2015. Lo mismo ocurre con otros mandatarios de ciudades bonaerenses que se muestran con Massa. El aparato de comunicación del jefe comunal de Tigre, por su parte, invita a los 15 “apóstoles” a todos los actos que Massa organiza en su distrito semanalmente. No todos van porque ya entendieron el juego.
“Para saltar el cerco Sergio necesita juntar a unos cuarenta intendentes antes de empezar la campaña. Si lo logra, puede ir por afuera para acelerar la construcción de cara al 2015. Si no, no tiene sentido que juegue ahora”. El párrafo, cuya autoría le pertenece a un referente del peronismo bonaerense que no decidió con quién va a jugar, desnuda los límites precisos que para maniobrar tiene la nueva “estrella” del firmamento opositor. Este estrellato, justamente, marca a su vez la limitada frontera de quienes quieren terminar con el kirchnerismo: el objetivo parece cada vez más cerca, pero puede ser una alucinación si no hacen lo que deben para alcanzarlo, entre otras cosas, parir un candidato que dé la altura para enfrentar a Scioli.
Una declaración política de Julio De Vido abrió el abanico a varias interpretaciones, en las últimas horas. Como las afirmaciones, según pasan los días, comienzan a desvirtuarse, vamos a reproducir las afirmaciones del ministro de Planificación en su totalidad, que es la manera incluso de entender su contexto. “En nuestro modelo los tiempos los marca la Presidenta”, advirtió De Vido. “Vamos a generar todas las condiciones para tener un rotundo triunfo en las elecciones de 2013 que le permita a Cristina tomar las decisiones que tenga que tomar”, apuntó, y llamó a jugar “muy fuerte en este año decisivo” junto a Cristina, que es “la garantía de la continuidad del proyecto”.
La primera interpretación, lineal, es que si el resultado del comicio legislativo de este año lo acompaña, el oficialismo estaría dispuesto a impulsar una reforma de la Constitución que permita que CFK se presente para aspirar a un tercer mandato. Una segunda interpretación advierte que De Vido le habría hablado al frente interno, a los “apurados”, a aquellos que son “más papistas que el Papa”. Porque una cosa es usar el fetiche de la re-re para conservar la centralidad del poder y otra, permitir que se convierta en un aglutinante de la dispersa oposición. “El kirchnerismo sabe que, si retiene un cuarto de la representación parlamentaria este año, en 2015 no van a poder prescindir de él en cualquier armado de poder”, analiza un gobernador que no tiene problemas en hablar con la prensa, siempre que sea a condición del anonimato.
A eso aspira, a conservar, de mínima, la mayor cantidad de poder el mayor tiempo posible como para terciar en la sucesión. De máxima, para decidir esa sucesión.
La “boutade” de José Ignacio de Mendiguren, el presidente de la UIA, fue rápidamente aprovechada por Hugo Moyano, el titular de la CGT Azopardo, quien aprovechó un fuego imprevisto para atizarlo. “Cada vez –declaró– aumentan más las cosas y esto, con el dólar ‘blue’, muestra que algo está pasando. No podemos hablar del "Rodrigazo" como se dio en ese momento, pero evidentemente, si tomamos lo que está pasando, está en marcha”.
Las condiciones políticas y sociales que dieron pie al “Rodrigazo” son irreproducibles en la Argentina de hoy. Lo único que debe preocupar es que el Gobierno no encuentra la manera de llevar la inflación a un escalón más bajo, digamos de un dígito, y no lo hace por una razón: por impericia. O por falta de expertos, que es lo mismo. Si además depende del tándem Hernán Lorenzino-Mercedes Marcó del Pont para conseguirlo, es evidente que se encuentra en problemas. El argumento de que quienes hablan en contra del proceso inflacionario buscan “enfriar” la economía, que son “nostálgicos” de los ’90, es infantil. Se puede sostener la necesidad de moderar el costo de vida y estar de acuerdo con mantener el nivel de actividad, lo que sucede es que para esto hace falta que aumente de manera significativa la inversión. Y en una economía que se cierra para defenderse de los embates del exterior, entre otras razones, no hay manera de conseguir inversiones importantes. Las principales van a Brasil, por su megamercado interno, y las restantes, a Colombia y a Perú, por las condiciones más favorables, esas que permiten también que circulen más libremente los capitales especulativos.
Como Cristina decidió sacar al país de esa senda, nada vendrá de ese lado y la inversión sólo es interna, la que sirve para mantener lo que está pero no para crecer a tasas superiores al 3,5/4,5 por ciento, como ocurrirá este año.
No obstante, en esta mesa de arena el kirchnerismo es optimista. Y hasta juega con la idea de que Macri es el mejor líder opositor porque lo consideran “inofensivo”. No vaya a ser que les salga el tiro por la culata.
