Ninguna elección anticipa la próxima, son todas diferentes. La política como actividad de acción, la unidad discursiva, y un número importante de logros materiales (ley de medios, asignación universal, bonanza económica) bastaron para marcar la diferencia a favor del oficialismo con una propuesta basada en el “Anti”.
Por Jorge Álvarez, concejal UCR San Isidro, www.alvarezsi.blogspot.com
Las elecciones primarias y obligatorias del pasado 14 de agosto configuraron un mapa de la realidad política en nuestro país que puso en evidencia:
a) Un respaldo contundente al liderazgo y gestión de la presidenta de la nación.
b) Un voto castigo a la fragmentación y el pesimismo que caracterizó al discurso opositor.
c) La fragmentación socio económica, electoralmente hablando, ya que en los territorios donde el estado es el motor del desarrollo de la economía, la alianza gobernante obtuvo dos tercios del electorado. En contraposición, donde la iniciativa privada tiene mayor influjo, el oficialismo no superó el tercio del padrón (Ciudad de Buenos Aires, Vicente López, Rosario, etc.)
d) La definitiva ausencia de competencia entre los que gobiernan y los que no gobiernan en todos los órdenes. Salvo excepciones, los oficialismos parecen invencibles y las alternativas aparecen sin capacidad de competitividad,
e) La ausencia de liderazgos dispuestos a pelear por un programa o un proyecto de largo plazo. Solo se escuchan consignas de campaña y ningún plan alternativo.
Ninguna elección anticipa la próxima, son todas diferentes. Si comparamos el resultado electoral de junio del 2009 con agosto del 2011, podemos adjudicarle a la acción política del oficialismo nacional, y en contraste a la impericia del grueso de la oposición, el contundente respaldo obtenido en las urnas en las primarias
La política como actividad de acción, la unidad discursiva, y un número importante de logros materiales (ley de medios, asignación universal, bonanza económica) bastaron para marcar la diferencia con una propuesta basada en el “Anti”, en la dispersión simbólica, y en un conjunto de fracasos que supo caracterizar al arco opositor
La apuesta al fracaso económico y el alarmismo, fueron el denominador común de las agendas opositoras que nunca lograron articular un discurso que reconozca al menos pequeños logros en la gestión de Gobierno. El presente de nuestro país no es maravilloso como lo pinta el oficialismo, pero tampoco es el caos que construye dialécticamente el arco opositor.
Los problemas que el Kirchnerismo no ha resuelto (la concentración territorial que lleva al Metro cuadrado por las nubes y la ausencia de una política en materia de salud que evite la dispersión de recursos y concentración de las cajas sindicales por citar dos ejemplos), no aparecen en la agenda electoral de ningún candidato opositor.
No se trata de negar lo hecho, se trata de superarlo, ese es el desafío en ciclos de crecimiento económico como el actual. Pero es preciso resaltar que en el horizonte inmediato no existe posibilidad de una crisis socio económico o institucional que llame a la alarma.
La enorme distancia entre los ganadores y los segundos (salvo excepciones territoriales) marcan que en nuestro país no hay partidos políticos nacionales “fuertes” y esta en riesgo la competitividad electoral.
Si se toman los resultados de Tucumán o en la ciudad de Mendoza se comprenderá que la competencia electoral entre los que gobiernan y los que aspiran a reemplazarlos, se encuentra en un serio problema que obliga indefectiblemente a conformar coaliciones sólidas que lleven a una polarización entre dos polos (puede ser de “institucionalistas” vs. “no institucionalistas”, de “desarrollismos” vs. “populismos”, etc.) por sobre la enorme fragmentación en miles de pedazos como la que existe en este momento en nuestro país.
Es inadmisible que en algunos Municipios haya veinte o treinta postulantes, la multiplicidad de oferta electoral no significa mejor calidad democrática. Esa depuración de fragmentos (partidos políticos hechos a medida) no podrá resolverse mientras que en nuestro país sobren candidatos y falten líderes.
Hoy la agenda política reconoce un solo liderazgo, Cristina Fernández de Kirchner, esa categoría ella no la comparte con nadie. Puede haber caciques de aparato, pero no hay liderazgos políticos que expresen un modelo de sociedad representado en (alguien que diga algo más que ser honesto) un paradigma de sociedad para el siglo presente.
Argentina podría llegar a los 50 millones de habitantes en el año 2020, en un territorio donde podrían vivir 150 sin pisarse y donde se producirán alimentos para cerca de 400. Visto así todos podríamos tener una parcela de tierra y acceso a alimentos de calidad. Para llegar a ese ideal nos debemos líderes que estén pensando ese desafío, comunicando la idea, peleándola y perdiendo elecciones para legitimarse.
La sociedad no vota hacia el pasado o hacia el caos, “si estoy bien quiero que me vaya mejor”, hay que superarse como sociedad hacia adelante.
Nosotros debemos discutir siempre más bienestar, debemos discutir como se hace ese bienestar, no que le vaya mal a la sociedad
Hay tiempo aún para reparar tanta fragmentación electoral actuando con grandeza, recomponiendo (contemplando las limitantes legales) el espacio natural del Acuerdo Cívico y Social, unificando candidaturas y programas, para dotar de competitividad a las elecciones de Octubre.
Es solo un principio para un largo proceso de construcción de un modelo de país que escape al pesimismo, pero que comprenda que los procesos de expansión son los ideales para modificar y transformar la casa.
En eso tenemos mucho para hacer.
