Florencio Randazzo y Aníbal Fernández hicieron rápidamente cola para contestar la infinidad de denuncias de irregularidades en las recientes elecciones internas. El Ministro del Interior parece que se copió del estilo de su colega y trató a los opositores que cuestionamos lo sucedido el pasado domingo 14 de agosto, de "chantas".
Por Humberto Tumini, Movimiento Libres del Sur
El Jefe de Gabinete sacó chapa de demócrata y sostuvo sin ponerse colorado que: "Con este sistema de boletas usted sabe cómo termina la elección, contando punto por punto, dedito por dedito, y así nadie duda del resultado".
La verdad, hay que escuchar cada cosa de estos funcionarios. Lo que sucedió en las recientes elecciones internas fue una verdadera vergüenza. Para hablar solo del sistema de boletas. Ni que decir de los telegramas con datos truchos que aparecieron por doquier, sistemáticamente favoreciendo al oficialista Frente para la Victoria.
En la cuestión de las boletas, desde el oficialismo, la primer maniobra la hicieron de entrada con el Correo Argentino en la distribución de las boletas que deben ir en cada urna, para ser puestas en las mesas de votación al comienzo del comicio.
En la provincia de Buenos Aires, por citar solo un ejemplo, boletas de un municipio aparecían en las urnas de otro a kilómetros de distancia (en Avellaneda llegaron las de Vicente López, a Quilmas las de Mar del Plata, etc, etc). La consecuencia de ello fue que en muchísimos lugares se abrió la votación sin boletas de algunos partidos, los que recién contaban con ellas en las mesas de votación cuando sus fiscales podían llegar a reponerlas. La segunda trampa fue la aparición de boletas truchas de tal o cual partido (siempre opositores), las que si no eran reemplazadas a tiempo por sus fiscales, iban a parar a los sobres de votación para luego en el recuento ser anuladas.
La tercer trampa fue el robo descarado, extendido y sistemático de las boletas de los partidos opositores. Las del FAP, por ejemplo, debían ser repuestas cada cinco o seis votantes porque desaparecían una y otra vez. Si en esa escuela no había fiscales nuestros, la gente que quería votarnos no lo podía hacer, o aceptaba la sugerencia de más de un presidente de mesa de votar en blanco. La cuarta trampa era esconder las boletas de algunos partidos opuestos al kirchnerismo abajo de fajos de otras boletas para que no se vieran, o también ponerlas en un lugar distinto del orden en que le tocaba, lo que era un problema no menor en mesas de votación de 30 o mas listas, y dificultaba encontrarlas. Y así sucesivamente.
¡Y estos funcionarios chantas dicen que el actual sistema de boletas garantiza transparencia y evita los fraudes!
Al gobierno le garantizará, lo que es a las fuerzas opositoras solo les asegura que las trampeen y les roben votos, distorsionándose la voluntad popular.
La Cámara Electoral Nacional ya ha planteado en varias acordadas, justamente por todas estas situaciones, que se debe avanzar al sistema de boleta única. Dos provincias argentinas -Córdoba y Santa Fe- ya lo han puesto en práctica. Hay diversos proyectos en el parlamento nacional para modificar el sistema actual de boletas, por el de boleta única. Solo una manifiesta intención de seguir sacando beneficios ilegítimos con el actual modelo, lleva al oficialismo a justificar que siga vigente. Peor aun, a embellecerlo.
