Un grupo de jefes comunales del conurbano comenzó a tomar distancia de La Cámpora tras una serie de desencuentros por el reparto de candidaturas. La falta de representación en las listas y promesas incumplidas aceleraron la construcción de un nuevo polo dentro del peronismo bonaerense.
La idea de conformar una nueva referencia política dentro del peronismo no surgió de un día para otro. Tuvo su punto de partida durante 2025, luego del cierre de listas para las elecciones nacionales de octubre. En ese contexto, los intendentes Federico Otermín, Ariel Sujarchuk Achával, Alejandro Granados y Juan José Mantegazza comenzaron a explorar una estrategia propia, con la decisión de dejar atrás el esquema de alianzas que mantenían con La Cámpora.
La relación ya mostraba señales de desgaste. Cuando se confirmó que Cristina Fernández de Kirchner competiría como candidata a diputada provincial, distintos dirigentes del espacio crearon un grupo de WhatsApp bajo el nombre “La Tercera con Cristina”. Allí convivían referentes camporistas, intendentes peronistas y dirigentes provinciales. La conducción política del intercambio quedó principalmente en manos de Mayra Mendoza.
Desde ese ámbito se discutieron consignas de campaña, actividades territoriales y estrategias de comunicación. Sin embargo, el escenario cambió por completo cuando la candidatura de Cristina finalmente quedó fuera de carrera.
Las tensiones escalaron durante la negociación de las listas para las elecciones provinciales. Los intendentes que buscaban mayor protagonismo observaron que no lograron obtener lugares propios en la representación legislativa. El malestar aumentó cuando se oficializó la incorporación de Luis Vivona como candidato a diputado por la Tercera Sección Electoral, después de su paso por el Senado bonaerense en representación de la Primera.
La exclusión de los alcaldes en el armado legislativo abrió una etapa de fuertes cuestionamientos internos y profundizó las diferencias con la conducción camporista.
Tras ese episodio se sucedieron reuniones reservadas entre dirigentes de ambos sectores. Hubo encuentros políticos y conversaciones informales que buscaron recomponer la relación. En esas negociaciones apareció una propuesta destinada a contener el enojo de los intendentes: la posibilidad de otorgarles varios lugares en las listas de diputados nacionales para las elecciones de octubre.
Con esa expectativa sobre la mesa, los jefes comunales decidieron acompañar la campaña electoral y dejaron en segundo plano las diferencias acumuladas.
Pero el conflicto reapareció en el momento decisivo. Según relataron distintas fuentes políticas, los intendentes tomaron conocimiento por WhatsApp de que el espacio que les ofrecían quedaba limitado a una candidatura suplente. Además, recibieron el pedido de acercar un nombre para ocupar ese lugar.
La respuesta fue inmediata. Los intendentes se retiraron del grupo de coordinación política y terminaron de sellar una ruptura que ya venía gestándose desde hacía meses.
A partir de ese momento, la distancia entre ambos sectores se volvió irreversible. El desenlace llegó después de la derrota electoral del peronismo bonaerense frente a La Libertad Avanza, un resultado que dejó expuestas las fracturas internas y aceleró los movimientos para construir una nueva referencia dentro del espacio opositor.
